30 agosto 2019

Rescatando palabras "antiguas"... ¿vivir o competir?

Aquí... contemplando. Autor imagen: Albert F.
Hace ya varias semanas que estoy bastante "ocupada" disfrutando plenamente de cada momento, por eso hoy - y quizá en días sucesivos - voy a compartir una publicación que hice en Facebook hace ya un tiempo. Sí, estoy en una muy buena época (a pesar de algunas cosas no tan buenas). Cuando este sentimiento - o actitud - me inunda lo aprovecho al máximo porque... ya se sabe, siempre acaban llegando momentos difíciles. 
Como he dicho, rescato esta antigua reflexión. Creo que es una buena oportunidad para parar, pensar y descubrir cuál es nuestra actitud vital predominante. ¿vives o compites? ¿compites contigo mismo o también con los demás?
Al hilo, decir que días atrás hice varias excursiones por la exuberante Andorra, me sorprendí parando cada cierto tiempo para contemplar. Sí, para contemplar, para saborear... para sellar cada momento en la memoria. Las excursiones se alargaban un poco pero valía la pena, y mucho. Quizá años atrás hubiera caminado sin apenas descanso y con un solo objetivo: llegar a la cima. No me hubiera fijado, por ejemplo, en aquella frágil y titilante flor. No hubiera descubierto su exquisito aroma. Y me habría perdido la oportunidad de hacer un perfume con sus pétalos, ya sabes, las pequeñas cosas, ¡que son enormes!. Es más, esta vez ni tan siquiera coroné una cima. Preferí hacer excursiones por un terreno más asequible y disfrutarlo al máximo. Lo más que hice fue ascender hasta unos lagos, espectaculares por cierto (te dejo aquí el enlace por si te animas). Y es justamente en estos días de disfrute que soy consciente de algo: la felicidad te atrapa justamente cuando te relajas y aprendes a saborear la vida, sin buscar nada especial, sin esperar nada más que vivir plenamente este preciso instante. La felicidad se posa en tu hombro y tú solo puedes hacer una cosa, agradecer y dejar que te inunde, sin más. 
Y ahora sí, sin más preámbulo te dejo con el post:
"Algo tremendamente perverso se esconde tras el imperativo: "conviértete en la mejor versión de ti mismo". ¿Acaso no somos "suficiente"? ¿Hay que ser "el mejor"? ¿No somos dignos tal cual somos? ¿Dónde queda la aceptación y la autoestima, desde este prisma?
Creo que hay que volver al origen, simplificar. Es decir, ser quienes somos sin culpa ni frustración, sin peso sobre nuestros hombros. Y querernos, querernos mucho.
De todos modos defiendo unos valores básicos, a mi modo de entender, para vivir en armonía conmigo y con los demás, pero más allá de eso, tratar de estar en continua lucha para ser "el mejor" es un camino que se precipita irremediablemente hacia el abismo de la infelicidad permanente.
No me entiendas mal, si alguien siente que debe superarse en determinados aspectos es lícito que lo haga, pero con cariño, siempre desde la autocompasión y el amor hacia si mismo, y con el fin de vivir con mayor plenitud y armonía consigo mismo y con el entorno, no para ser el mejor, y nunca desde la lucha constante que arrastra al desaliento y a querer cada vez más y más para saciar esa carencia, ese vacío oculto (el de no aceptarse, el de no quererse). Pero sobre todo, el hecho de superarse debe ser algo que nazca de dentro, nunca debe ser algo impuesto por una persona externa, pues así tu autoestima peligra y te conviertes en la diana perfecta de múltiples abusos.
Por eso es tan importante conocerse, aceptarse y quererse de verdad porque una persona con tal solidez rara vez será víctima del otro (ni de si mismo).

Te dejo este enlace para reflexionar. El artículo termina así: "Así el nombre Gabriela Andersen se convirtió en sinónimo de determinación y perseverancia." 


¿Tú qué opinas? ¿perseverancia u obsesión? ¿autoagresión? ¿límites saludables rebasados? ¿Hay que aplaudir estas conductas aún cuando la salud está en juego? ¿Esta actitud refleja una autoestima saludable? ¿Es deseable cumplir un sueño a toda costa? ¿queda tiempo para vivir si solo compites?"


Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

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