30 junio 2019

Meditación y ciencia. ¿produce la práctica cambios cerebrales?

Si has leído mis últimos artículos, habrás encontrado en ellos una visión crítica acerca de ciertos temas como por ejemplo, ciertos aspectos de la meditación, del pensamiento positivo, etc. Estos días he estado indagado al respecto, concretamente me he centrado en la meditación vipasana o mindfullnes, y lo he hecho basándome en datos aportados por meditadores, clínicos y científicos. 

No pretendo posicionarme, ni del lado de la ciencia ni del lado "espiritual". Aunque es bien sabido que desde hace unos años ambas comunidades están uniendo esfuerzos para obtener datos científicos de peso al respecto. 

En artículos anteriores decía que, además de los beneficios que los meditadores aseguran obtener derivados de la práctica, también es necesario conocer los posibles riesgos o contraindicaciones. Puedes leer más en este otro artículo. He podido conocer otros datos, clínicos y científicos, provenientes de artículos y charlas de y entre psiquiatras, neurólogos y psicólogos, el Dr. Gurutz Linazasoro entre ellos. De estas fuentes emanan diversidad de opiniones. Hay quien asegura que no existen contraindicaciones pero otros clínicos, en cambio, la desaconsejan totalmente en trastornos obsesivos y aconsejan mucha prudencia y control en trastornos psicóticos, por ejemplo. 

Pero antes de entrar en materia, un par de cuestiones, ¿Cómo se puede demostrar que la meditación transforma o cambia la mente? 1. Mediante evidencias clínicas y 2. mediante evidencias científicas. Las primeras, las clínicas, se obtienen midiendo el comportamiento mediante test, escalas, cuestionarios, etc.  Una vez percibidos estos cambios, como por ejemplo la reducción del nivel de estrés ¿Cómo se miden? ¿Cuál es el mecanismo subyacente? Estas variaciones pueden ser consecuencia de un cambio cerebral estructural, funcional, químico... y esto a su vez se puede estudiar mediante distintas técnicas, por ejemplo las de neuroimagen. 

Existe evidencia clínica en reducción de estrés, en regulación emocional, en evitación de recaídas en depresión... En Inglaterra, por ejemplo, la evidencia clínica es tal que las guías de excelencia clínica recomiendan con prioridad enseñar mindfullnes en casos de personas con trastorno depresivo recurrente. Haciendo un programa de ocho semanas de terapia cognitiva y mindfullnes se consigue evitar las recaídas al mismo nivel que los fármacos. También hay otros ámbitos de aplicación, en cárceles por ejemplo se trabaja con un programa de regulación emocional mediante mindfullnes. 

Por otro lado, no se han demostrado los mecanismos funcionales subyacentes que demuestren que la práctica de meditación produce cambios en el cerebro. Tal demostración pertenece al ámbito de la neurociencia y se sirve, como ya he dicho, de procedimientos de neuroimagen para ello, como son la resonancia magnética(RM) o la tomografía por emisión de positrones (PET). Por tanto, la demostración causa-efecto de tal relación, meditación-cambios cerebrales, es inexistente. ¿Por qué? Por varias razones que dificultan su estudio:

1. La muestra de sujetos: Aunque se han llevado a cabo estudios transversales (distintos grupos de personas con distintos grados de "veteranía" en la práctica y en el mismo momento temporal), se persigue también hacer más estudios longitudinales (misma muestra de grupos de personas pero a lo largo del tiempo) que son los más adecuados para el objetivo en cuestión. Los resultados de dichos estudios no son significativos pues además de que la muestra de sujetos no es representativa, también faltan grupos control, etc. 
Por otro lado, desde el punto de vista clínico y también desde la experiencia personal quizá a corto plazo, o momentos después de la práctica, una persona pueda sentir algunos beneficios pero ¿Qué puede ocurrir en el cerebro de un meditador a largo plazo? eso nadie lo sabe. Puede que muchos piensen que sí se sabe ya que la tradición meditativa viene de miles de años atrás, y es cierto, pero, ¿pueden variar los efectos cerebrales según la persona, el estilo de vida, la cultura, el entorno, etc.? Claro que sí, todas estas variables inciden en los resultados. Por tanto, prudencia.

2. La herramienta de estudio: la propia herramienta en sí (RM, PET), aunque sea un instrumento válido para demostrar ciertas cuestiones (por ejemplo para demostrar variaciones de neurotransmisores cerebrales en Parkinson y Alzheimer cuando hay buenos trazadores) no lo es para el tema que nos ocupa, ya que más que variaciones estructurales o químicas, se buscan resultados funcionales, tanto en personas sanas como con patología, y eso a día de hoy es algo imposible de obtener a través de tales herramientas. Para verlo más claro, imagina que se le está haciendo una RM a una persona mientras llora y se ve en la imagen una zona cerebral más activa que otra. Esto solo significa que llega más sangre a esa zona, o sea hay alguna relación, pero no se puede saber la causa. Puede que esa activación sea una consecuencia de la actividad de neuronas inhibitorias, por ejemplo, entonces el resultado sería totalmente el opuesto, es decir esa zona estaría inhibida, no activa. Por tanto, no se puede demostrar de manera causal los efectos cerebrales de esta práctica aunque, sí se han obtenido datos correlacionales (de correspondencia o relación) que aunque no son resultados concluyentes se podrían clasificar como hipótesis razonables

3. El Objeto de estudio: Además de las dificultades de estudio causadas por la herramienta de neuroimagen (RM, PET) y las muestras de sujetos, se le añade la dificultad del propio objeto de estudio, el cerebro. La variabilidad interindividual en este sentido es tal, que dificulta mucho la tarea. Imaginemos a dos personas meditando en el mismo espacio y momento (estudios transversales). Partimos, de entrada, de diferencias cerebrales interindividuales, es decir sus cerebros son distintos. Lo que ocurre en sus cerebros con la experiencia de la meditación también difiere. Además hay que añadir la variable del grado de veteranía en la práctica. Si añadimos también el hecho de que el cerebro presenta la propiedad de plasticidad neuronal, la cosa se complica. Pensemos ahora en los estudios longitudinales, ¿Cómo se podría afirmar que tal o cual variación cerebral corresponde a la meditación? En todo momento el cerebro está funcionando, ya sea debido a la estimulación ambiental percibida, a las distintas actividades que realizamos a diario, etc. y esto a la larga también provoca cambios cerebrales, por tanto nuestro cerebro cambia continuamente. Dada la multitud de variables implicadas, dichos cambios o variaciones podrían deberse a multitud de factores. ¿Cómo se pretende estudiar dicha causalidad (meditación-cambios cerebrales) a lo largo del tiempo si el objeto de estudio es de por si tan diverso y mutable? 

Se conoce bien la sed de la ciencia por el conocimiento, pero en este caso y haciendo balance ¿crees que compensa tal grado de dificultad, gasto energético y económico, además de los riesgos personales... para obtener datos tan poco concluyentes e inexactos? Es más, para que los estudios sean fiables y significativos deben cumplir con el método científico y esto implica un control super riguroso de las variables implicadas. ¿se podría llevar tal control a la vida de numerosos grupos de personas de manera ética? Si es tan complicado ¿para qué intentar buscar evidencia? La ciencia afirma que lo que pretende con tales estudios longitudinales, si es que se llegan a hacer, es clasificar la meditación, o sea colocarla en el lugar que le corresponda ya sea como herramienta terapéutica, de relajación, etc. así como para seguir estudiando el mapa del cerebro tan desconocido a día de hoy.

Por otro lado y para terminar, un tema que me inquieta bastante. Se dice que no es conveniente meditar, en sentido estricto, antes de los 8 años y ¿por qué no antes del fin de la maduración cerebral que es alrededor de los 20 años? Como hemos visto no se conocen muchas de las consecuencias cerebrales que puede traer la práctica, ya sean positivas como negativas. También se ha visto que la meditación incide estructuralmente en la corteza pre frontal, engrosándola. Sabiendo todo esto ¿sería seguro para los niños introducir la práctica en escuelas? El Dr. Linazaroso afirma no saberlo. Habría que investigar, dice, para obtener datos. Aunque claro, la investigación pasa por la experimentación... Obviamente, contesta. ¿Qué consecuencias tendría una aceleración en maduración de la corteza prefrontal en niños? ¿podría tener también efectos adversos? Podría, claro que sí. Yo abogo siempre por la ética y la prudencia. El fin no justifica los medios.

Según vemos todavía hay muchos interrogantes al respecto. Por eso, quien se adentre en esta práctica debería hacerlo con toda la información sobre la mesa. Por tanto, creo imprescindible una regulación. Por ejemplo, un control inicial en los centros que la ofrecen, mediante un test o cuestionario manejado por un profesional en salud mental para poder detectar los casos en los que no sea adecuada la práctica o, en su defecto, sea necesaria una supervisión (ver enlace del tercer párrafo), además de informarle extensamente tanto de riesgos como de los beneficios.

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

No hay comentarios:

Publicar un comentario