12 junio 2019

La felicidad entre mis dedos

A veces, sin darnos cuenta y de la forma más inesperada, surge la solución a un problema. Somos capaces de esquivar nuestras propias limitaciones y eso nos capacita para hacer las cosas de manera distinta. 

Esto me ocurrió hace bastante tiempo, mientras escribía un relato - al que adoro, por cierto. Y es que ocurre que cuando te concentras (de verdad) en cualquier actividad, en este caso en la escritura, eres capaz de obviar lo que te rodea, es decir, te abstraes. Retiras tus sentidos del mundo exterior. Y es justo es ese momento cuando, probablemente, la "magia" ocurre. 

Aquel día las palabras fueron tomando forma y, poco a poco, la historia se empezó a cerrar por si sola, igual que un circulo perfecto. Pareciera que nada tuviera yo que ver en aquel proceso creativo, pues mis dedos pulsaban con impaciencia el teclado. 
Cuando esto ocurre la ilusión me atrapa pues, al son las teclas, mis oídos me cuentan que el proceso va genial. Esos momentos son una delicia. La creatividad se desborda y sale a borbotones a través de mis dedos que materializan, mediante las letras, toda clase de ideas, metáforas y símbolos inventados. Es una sensación maravillosa. Es en ese preciso momento cuando el sonido celestial de mis dedos chocando contra las teclas impregna toda la habitación, y me siento plena, el bienestar inunda cada una de mis células y la felicidad asoma con descaro para quedarse conmigo un buen rato haciéndome compañía.

Y es que así funciona la mente. Nosotros nos limitamos a observar la "realidad", a percibirla a través de los sentidos, a acumular datos, a memorizarlos selectivamente, etc.  Y en un momento dado, toda esa información latente que reposa en el fondo, se une, se transforma en algo nuevo, nos da respuestas y encontramos la solución a un problema repentinamente. Justo lo que me ocurrió con aquel relato ya que me permitió indagar en un mundo desconocido por mi, la arcilla.

En un momento de la historia uno de los personajes encuentra su ikigai, su razón de vivir, y por medio de varias actividades, entre ellas el modelado de arcilla, sabe hacia dónde se van a dirigir sus próximos años. Quien sabe en qué rincón de mi cerebro se escondía la idea de la arcilla y sus bondades... En realidad sí lo se, y es que tengo un libro, el torno,  que ocupa su lugar en la estantería desde hace más de 20 años. Supongo que estaba tan concentrada en la escritura que salió a flote de manera natural y encajó perfectamente en la historia.

Desde que escribí el relato hasta que la curiosidad me venció y me llevó directa a comprar una pieza de arcilla, pasaron meses. Desde que compré la arcilla hasta que me puse manos a la obra pasaron otros tantos. Pero ha valido la pena. Siento que la arcilla me baja a tierra. Abandono mi "fértil" mundo mental, y por un ratito descanso de mí. 
Con ella, la arcilla, vas dándote cuenta de que una cosa es lo que quieres hacer, y otra muy distinta lo que ocurre después de que metas mano en el asunto... Toda una metáfora de la vida, ¿no crees? Entonces no te queda otra, y sueltas... Te centras en los sentidos. Presencia. Aprendes a ir despacio, pues de lo contrario se agrieta la pieza. Cultivas la paciencia. Aprendes a empezar de nuevo y reducir tu obrita a un amasijo amorfo cuando, sin saber muy bien por qué, se rompe. Después la tratas con más cariño, añades agua con cuidado y la acaricias con suavidad hasta que el material se torna suave y homogéneo. Te deleitas en el tacto resbaladizo del barro cuando lo humedeces. Ya no hay objetivo. No hay meta. Y es entonces cuando vuelves a la infancia. Juegas. Te deleitas con la tierra entre las manos. Lo disfrutas. No piensas en nada. Has olvidado que tienes mente y, de manera inconsciente, le das rienda suelta al cuerpo. Te respiras en calma. Respiras. Inhalas. Exhalas lentamente. Y tu alma lo agradece.  Y así, con la arcilla entre los dedos, la felicidad me atrapa. Mente, cuerpo y alma se han fundido de nuevo.

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

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