01 mayo 2019

No crezcas nunca... ¡revoluciónate!

En ocasiones, o a menudo, se enciende una lucecita en la mente y se llega a rozar una mínima comprensión de porqué Peter Pan no quería "crecer". ¿Te acuerdas de Peter Pan y los niños perdidos? Sí, aquel que vivía en el país de Nunca jamás, una isla repleta de indios, hadas y sirenas dónde hábilmente burlaba a malvados piratas con la ayuda de Wendy y campanilla. Entrañable...

Y ¿por qué no quería crecer? ¿Qué implica crecer? Un cambio ¿Y, este cambio es para bien? Pues... depende de la cultura en la que estés inmerso. ¿Cuántos de nosotros han jurado y perjurado que nunca harían tal o cual cosa y, después, bajo el lema aplastante de "madura o crece" ha claudicado ante algo que en principio era intragable? El hecho de "crecer" lleva implícita una trampa casi imperceptible, y es que implica una renuncia a una parte importante de nosotros mismos y la mayoría de las veces se hace de manera inconsciente. 

Crecer, en realidad, significa cumplir con determinadas normas culturales predeterminadas, destinadas a no alterar el orden establecido por la misma. En nuestro caso, una sociedad movida por una sed insaciable de "mejora constante", consumismo obsesivo, progreso desmesurado... dónde nunca nada es suficiente y nos mueve el más, más, más... crecer es comprar y tirar eternamente, vestir a la última, conducir el último modelo de coche, casarse, tener hijos, algún hobby para después del trabajo, viajar mucho, etc. Crecer implica pues no dejar de ser ese niño llorón insatisfecho e insaciable. Paradójico, ¿verdad? 
En otras culturas crecer implica otras cosas. Yo no he estado en África pero mucha gente cuenta que los africanos son como, y permíteme la expresión, "niños" grandes. ¿Qué pasa que no han "crecido"? Sabemos que la educación en una cultura determinada sigue una prácticas comunes que implican varias áreas de la persona y difieren de una cultura a otra. El paso a la edad adulta, por tanto, también varía. No es que aquí seamos más maduros que en otra parte del mundo, es que seguimos otras pautas.

A veces maldigo las palabras, otras las adoro. Lo mío con las palabras es una relación de amor - odio... Qué fácil es enredarnos con ellas para manipularnos con conceptos inventados y condicionamientos varios.  Hoy ojeaba un libro de antropología que tengo hace años y me ha hecho gracia leer en el índice, en el apartado de grupos estratificados, las castas vistas desde arriba y desde abajo. No es lo mismo dependiendo de la perspectiva... ¿verdad?

Me voy a poner peleona al final... No crezcas nunca, ¡revoluciónate! No al crecimiento, sí a la revolución personal. Crecer, en esta sociedad, denota "progreso", "evolución", ser "más" de lo que ya se es de por si, y ese no es buen lugar de partida si queremos salvaguardar nuestra autoaceptación, autoestima y nuestra dignidad como personas. La revolución personal no implica ser ni menos ni más, simplemente alude a transformarse en algo distinto, ni mejor, ni peor, pero eso sí... transformarse en algo elegido por voluntad propia que nos beneficie a nivel psicofísico. Decrezcamos de una vez... dejemos de "berrear por el último modelo". 

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

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