25 abril 2019

Mi querida plantita guerrera

Convivo con una plantita muy especial, es mi compañera de batalla. Unos se empeñan en no brotar, ella, en cambio, en no diñarla. 

Hace un tiempo que voy observando a una de las plantitas que tengo dentro de casa - no digo de interior porque... ¿existen las plantas de interior? Creo que no. Existen plantas que están dónde no deberían, esto es, en un entorno que no les corresponde, menos cálido y más hostil, por eso necesitan de cuatro paredes artificiales que las resguarden, que las abracen, para sobrevivir - como a veces nos ocurre a nosotros.

Volviendo al tema. A esta planta le tengo especial cariño, es una luchadora, una superviviente que sabe mucho de resiliencia. Es una guerrera silenciosa y sospecho que está cansada, muy cansada. 
Lleva conmigo desde... déjame pensar, mmmmm... puede que sobrepase los 10 años. Ha sobrevivido a diferentes entornos. Unos más cálidos, otros más fríos. La cuestión es que hace unos años, parece que sus esfuerzos sean en vano. Se mueren sus hojas, todas, una a una. Creo que siente frío.
Ahora tiene otro tiesto, nuevo sustrato y muchos cuidados y mimos. Todo lo que no depende de ella, está listo. Y sigue luchando con todas sus fuerzas. Con mucha fotosíntesis a sus espaldas logra alimentar cada brote hasta que le nace una diminuta hojita. Pasan los días y sigue creciendo. Entonces siempre, y sin excepción, aquella empieza a negrear y al final la pierde... Y así, con todas. 

Ahora la pobre pone todo su empeño en la máxima captación de luz solar mediante esa hojita solitaria que asoma escuálida y titilante, y no te creas, que poco a poco lo va logrando pues ya tiene un par más en la retaguardia. Yo le digo que no desespere... pero creo que ya no me escucha, está muy cansada. Se le han congelado las ganas. La he colocado más cerquita de la ventana, para que tenga mejores vistas, pero creo que se ha dado cuenta que estas cuatro paredes no son su hogar. 

Cuando vivía en el barrio de Gràcia de Barcelona, estaba espléndida. Toda ella verde, orgullosa, era pura abundancia. Florecía como si no hubiera un mañana, a lo bestia. Después de la mudanza empezó el declive. El punto de inflexión fue en el transcurso de mi viaje a la India, pues la cuidaba otra persona. Casi se muere.  Cuando volví estaba pelada. Creo que me echaba de menos... 

Ahora, lleva una larga temporada muy pocha. Pero yo confío en ella, y se lo digo con cariño mientras le saco brillo a esa hojita guerrera que le queda. 

¿Tienes la suerte de convivir con una plantita tan valiente como esta? ¿o la has dado por muerta y te has deshecho de ella? 

Yo solo espero que no se rinda... como mi abuelo, que solo tenía una pierna y luchaba cada día. Caminaba y caminaba para fortalecer su sostén, y vaya si lo conseguía. Como mi abuela que perdida en su alzhéimer, tejía y tejía. Como mi otra abuela que los últimos días, casi sin poder respirar, aún sonreía. Como mi otro abuelo que fue fuerte hasta el final y sufrió de soledad pues enmudecía. Como mi tío abuelo un buen hombre, de los más buenos. Como mi padre que a pesar de todo sigue luchando a diario. Y busca el sol por las mañanas, cuando las ganas le dejan, para hacer alquimia de sus fríos y traspasar así las penas . Como mi madre que lo cuida cada día y se olvida de si misma... Os quiero mucho. 

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

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