07 abril 2019

Las semillas de la esperanza

Ayer estuve preparando plantel para disfrutar de verduras y hortalizas frescas y ecológicas este verano. Hice un hueco en la tierra, sembré dos o más semillas por hueco, les eché un poco de tierra encima y las regué con mucho mimo y unas gotitas de esperanza. Planté semillas de pimientos, de guindillas, calabacín redondo, berenjena blanca, calabazas varias, tomates varios, cherry, cilantro, judías, guisantes, también algunas flores, etc.

Este es el segundo plantel que hago. El primero lo hice aprovechando los huecos de hueveras vacías y fue todo un fiasco. Puede que les faltara humedad o les sobrara, que se yo... Esta vez lo he hecho directamente en el suelo, pero en invernadero, ojalá encuentren ahí el "paraíso de las semillas" para crecer fuertes. Espero saber darle los cuidados necesarios para no interferir en su crecimiento. 

Cuando observo las semillas de la misma especie parece que todas sean iguales, por tanto todas deberían crecer hasta transformarse en plantita porque las trato a todas igual; pero la experiencia me dice que no son exactamente iguales. Aunque todas las semillas del calabacín que planté provengan del mismo calabacín, quizá a alguna le dio demasiado sol en algún momento antes de almacenarla, o quizá se mojó o la dañé sin darme cuenta... Mil cosas pudieron pasar de las que no soy consciente. Por eso la realidad es que, de todas las semillas que planté, solo crecerán aquellas que se encuentren en las condiciones idóneas para hacerlo, y poder así transformarse en una plantita espléndida y abundante

Hoy, recordando el disfrute de ayer entre tierra, agua y semillas, me ha dado por reflexionar sobre la vida misma. Cuántas veces hemos trabajado mucho en algo confiando en que aquello daría sus frutos e iría hacia una dirección y después, las circunstancias nos llevan hacia otro lado... Entonces hay que empezar de nuevo. Como me ocurrió con el primer semillero. Sembrar y regar... Empezar, pero ya no desde cero pues hemos aprendido algo. 
Cuántas veces nos encallamos pensando en lo que hemos hecho mal o buscamos culpables. La experiencia me muestra que todo es menos doloroso si, en vez de quedarnos atrapados en nuestros pensamientos divagando sobre lo que podría haber sido y no fue, nos centramos en lo que tenemos ahora mismo delante nuestro. Quizá no lo vemos porque nos hemos perdido entre pensamientos improductivos. Quizá nada es tan desastroso y lo que ha de venir nos conviene más que lo que habíamos planeado, eso nunca se sabe. Lo que sí es necesario es tomar una decisión: seguir adelante con esperanza o no.

Cuando esto ocurre, es muy bueno hacer balance y reflexionar acerca de lo que ha sucedido para aprender de ello, pero solo por un tiempo, variable entre personas. Después hay que seguir con nuestra vida y preguntarnos ¿Qué posibilidades tengo con lo que dispongo ahora? Y ponerse a ello sin más. Encallarnos en pensamientos improductivos no nos llevará a ningún lado, es más, nos estancaremos igual que si tuviéramos los pies metidos en cemento seco. Los pensamientos se manifiestan porque, por debajo de ellos, en una capa más profunda, son sostenidos por ciertas creencias. Digamos que las creencias son estáticas y los pensamientos son más dinámicos. A propósito de la experiencia hortelana de ayer se podría decir que las creencias son el origen, la semilla, y los pensamientos, al provenir de ellas, serían el brote. Podemos regar y mantenerlo vivo o dejar de regarlo y plantar nuevas semillas. Los frutos serían las consecuencias de esas creencias. La lluvia, sería las circunstancias externas e incontrolables que favorecerían el crecimiento de nuestra semilla o plantita, y confirmarían nuestras creencias. La tormenta, el trueno, las pondría en tela de juicio. A veces hay que agradecer la tormenta. Otras hay que maldecir la lluvia... O viceversa. Lo importante es decidir si queremos seguir regando las semillas antiguas o cambiar el plantel. 

Gracias a esta metáfora podríamos afirmar que nuestra identidad no se limita exclusivamente a nuestras creencias y pensamientos, ya que podemos cambiarlos. Somos eso... y mucho más. Somos también lo que sentimos, lo que hacemos, lo que decimos... 

Cuando decidimos hacer una reflexión profunda,  es muy bueno poner en relieve nuestras creencias más extremas. Me explico. Todas las creencias del tipo todo o nada crean expectativas poco realistas y eso a la larga trae mucha frustración y malestar. Son contraproducentes. Por eso soy partidaria de no demonizar nada. Por ejemplo, respecto a la queja. Si hay una creencia subyacente del tipo: nunca hay que quejarse. El día que se de la queja, traerá consigo mucho malestar, ¡puede que hasta venga acompañada de culpabilidad! Nos podemos quejar ¡claro que sí! somos humanos. No somos perfectos (ni deberíamos pretenderlo), pero de ahí a hacer de la queja una práctica habitual y continua hay un trecho. Hablo más sobre las creencias en este post
Imagina que alguien con baja autoestima tiene la creencia que nunca debe quejarse. Si esa persona tiene algún referente idealizado, cosa común en autoestima baja, será la diana perfecta de múltiples abusos pues ella misma se negará la posibilidad de quejarse ante exigentes demandas. Si quieres leer más sobre el auto respeto hablo de ello aquí.

Como conclusión decir que, de todas las semillas que plantemos solo algunas darán buen fruto, pero si disfrutamos mientras sembramos habremos ganado mucho, pues aprender a vivir desde un lugar en el que pesa más el camino recorrido con calma y plenitud que el propio "destino", ya es un logro que merece la pena ser reconocido pues la mayor parte del tiempo, caminamos...

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

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