24 abril 2019

La vivencia de la ambivalencia. Desgranando un dogma

"Que nada nos limite, que nada nos defina, que nada nos sujete. Que la libertad sea nuestra propia sustancia" Simone de Beauvoir

Vivir en un mundo así, ilimitado, indefinible e "insujetable" -si es que puede llamarse así- desde el inicio de nuestros días sería algo, en principio, ideal. No obstante hemos nacido en un mundo lleno de palabras que nos definen, de etiquetas que nos limitan, de conceptos que nos sujetan, de imágenes y prejuicios que nos acercan y también enfrentan. 

Me encanta la idea de un mundo genuino y libre de todo ello, pero eso implica también pérdidas importantes, pues ¿Qué haríamos sin las palabras? - aunque coexisten con una comunicación no verbal, también somos palabras. Las palabras nos conforman, estamos hechos de ellas. Nos afectan, nos acercan pero también nos enfrentan. No solo son los actos los que crean luchas y guerras, a veces son las palabras las que las crean. 

No lo puedo evitar, la lucha me mata... prefiero la Paz. No se puede vivir siempre peleando por algo... Si todos y cada uno de nosotros, entendiéramos que ante todo somos personas con los mismos derechos, sin distinciones, la lucha caería por su propio peso y reinaría la paz. Si no otorgáramos tanta relevancia a los roles de género, dejarían de existir esas normas rígidas que marcan la feminidad o la masculinidad y veríamos simplemente a seres humanos, cada cual con sus peculiaridades. Si viéramos personas en lugar de colores de piel, si se diera relevancia a unos valores universales, básicos, por encima del dios al que cada cual reza, respetaríamos a todos por igual. No cabrían distinciones por capacidad, raza, religión, etc. y todas las luchas dejarían de tener sentido. 

Si realmente aceptáramos y respetáramos al otro, dejaríamos de insistir en que cumpliera con nuestras expectativas para agradarnos. Dejaríamos de moldear a nuestros niñ@s ya desde pequeños para que encajen en nuestro molde. Creo que antes se caía en el error de criar a niñas princesas y niños príncipes azules. Ahora, pienso que volvemos a equivocarnos pretendiendo justamente lo contrario. ¿Somos capaces de dejarlos ser lo que realmente están siendo?  

¿Podrían ser los pares de opuestos, el origen de todas las batallas? Negro-blanco, mujer-hombre, malo-bueno, lento-rápido, inteligente-ignorante... ¿Sería posible disolverlos del todo? Francamente, no lo se, aunque me decanto por un "casi no". Lo que si creo es que nos hace falta cierto grado de madurez para poder entender la verdadera libertad, a todos - me incluyo. Quizá sería recomendable revisar el significado de libertad, en realidad ¿es algo alcanzable? Liberarse de un opresor, en principio,  es posible, pero ¿qué me dices de liberarse de uno mismo? liberarse de todos y cada uno de los condicionantes que nos atan es, diría, casi imposible. Siempre hay algo que nos condiciona. Podemos cambiar los condicionantes pero, creo, no eliminarlos. Por otro lado, aunque lo ideal fuera eliminar esta realidad dual, ¿no crees que es una utopía? Más bien la utopía, como decía Galeano, sirve solo para eso, para caminar... 

Lo que se impone a día de hoy en este mundo, son los pares de opuestos ¿Cómo vivir ahora de otra manera? ¿Cómo pretendemos demoler de un solo plumazo todo el entramado de nuestro sistema de creencias? Nos quedaríamos indefensos, sin ninguna referencia, como flotando en la nada. Soy partidaria de identificarlas, revisarlas y cambiar aquellas que no nos sirven y nos hacen sufrir, pero de ahí a eliminar totalmente la dualidad casi implicaría eliminar completamente toda nuestra mente, es decir, desaparecer. Llámalo ego, llámalo "la persona que eres", llámalo “yo”. Ese yo que se ha ido formando con todas y cada una de las experiencias que has vivido, ¿estás dispuesto a "borrarte" del todo, a dejarte "en blanco"? por otro lado… ¿puedes hacerlo, es eso posible “en una sola vida”? ¿Es factible tal grado de desapego? ¿No sería este cometido una especie de "zanahoria imposible de alcanzar", generadora además de múltiples frustraciones y culpabilidades? Todavía no he conocido a nadie con tal grado de desapego.

Por otro lado, ¿te has planteado seriamente cómo sería un mundo así? ¿Cómo apreciar la calma si nunca hay tormenta? ¿Acaso no estaríamos un poquito más "muertos" si viviéramos inmersos en ese "ni fu ni fa" constante? ¿Qué sería de nosotros sin la alegría o la esperanza? Desprendernos de lo negativo es algo muy tentador pero ¿estarías dispuesto a perder el polo opuesto? ¿Eso es lo que tú quieres realmente o simplemente es la repetición automática de un dogma? Piénsalo, si no existieran los opuestos no existiría el mal, ¡genial! pero tampoco el bien... deberíamos convivir, y aceptar, actos violentos o abusivos pues no se tildarían como tal... ¿Sería eso entonces la libertad?

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

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