11 abril 2019

El poder de las palabras

¿Dónde puedo encontrar a un hombre que haya olvidado las palabras? Me gustaría hablar con él. Chuang Tse

Sería genial llegar a un nivel de comunicación más allá de las palabras, no crees? De hecho, a veces pasa. Como el que surge en ocasiones con los animales. Se que quien conviva con uno de ellos me entenderá. Cuando esto ocurre se crea una conexión más allá de toda lógica que atraviesa la piel y deja que las almas se abracen. 

Te voy a contar una anécdota. Hace unos años conviví con un gato con el que compartí momentos muy especiales. Fue un gato adoptado, como los otros. Él empezó a venir por casa a diario, yo le daba de comer e intentaba acercarme a él, hasta que un día ya no se fue más. Cada mañana lo cogía en brazos y nos pasábamos unos minutos dándonos los buenos días. Nos tomábamos nuestro tiempo para ello. Creo que nunca he sentido tanto amor de un animal - bueno, sí, equiparable al de un perro precioso con el que compartí ocho años de mi vida. Cada mañana cogía a este gato en mis brazos y él me acariciaba y me regalaba mil mimos y carantoñas. Me daba tanto amor que mi música interior empezaba a salir por cada poro; era un momento de alegría infinita que intensificaba mi felicidad. Cuando enfermó me daba pavor dejarlo salir pues, cuando están en las últimas, suelen esconderse para morir tranquilos, y yo necesitaba estar con él cuando llegara el momento. Puede sonar egoísta, y en el fondo puede que lo fuera, pero también es verdad que con su enfermedad hubiera sufrido muchísimo. Durante esos meses, me armaba de valor y dejaba que saliera para que disfrutara al aire libre. Por la tarde-noche lo llevaba de vuelta a casa. Me aterraba la idea de que llegara el día en que se escondiera y no volverlo a ver, pues desde casa tenía acceso a la montaña. En una de las ocasiones, cuando ya estaba bastante mal, recuerdo que me acerqué a él para llevarlo a casa, como cada día, pero se marchó; se paró en seco desde lo lejos y mirándome fijamente emitió un maullido que nunca antes había oído. Se me erizó el vello. Todavía me estremezco al recordarlo. Tanto yo como mi compañero, sentimos lo mismo, me estaba pidiendo que lo dejara morir tranquilo. No quería volver a casa. Nunca he vuelto a vivir un momento de comunicación tan genuina, y triste, como aquel. 

La comunicación, a veces, va mucho más allá de las palabras, y cuando ocurre es precioso, incluso si se trata de un momento triste, como el que viví con aquel gato tan querido, pues se crea una conexión primitiva que va mucho más allá de construcciones o invenciones humanas. Pero la realidad es que la mayor parte del tiempo necesitamos de esa construcción humana, las palabras, para entendernos - aunque a veces nos perdemos entre conceptos abstractos y logramos justamente lo contrario. Por eso, para intentar comprendernos, es necesario elegirlas muy bien - cosa difícil según el estado emocional; pues hay palabras que curan y palabras que enferman. Hay palabras que dan esperanza y otras que la secuestran. Hay palabras que aportan luz y otras te dejan en la más temible oscuridad... 

No obstante, puedo asegurar que, sin restarle importancia al poder de las palabras, muchas veces un abrazo a tiempo vale más que todas ellas. Entonces, se hace la magia... la comunicación primitiva se impone y decimos tanto sin abrir la boca, que ese sutil contacto sirve de abrigo a los fríos huesos y nos reconforta el alma.

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

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