28 marzo 2019

La obsesión por "progresar". ¿Qué sientes que te falta?

Algo tremendamente perverso se esconde tras los imperativos: "conviértete en la mejor versión de ti mismo", "progresa", "mejórate incesantemente", etc.

¿Qué mensaje se esconde tras ellos? ¿Acaso no eres "suficiente"? ¿Hay que ser "el mejor"? ¿No te sientes digno tal cual eres? ¿Sientes que te falta algo y por eso no cesas en la lucha del mejoramiento eterno? ¿Dónde queda la aceptación y la autoestima, desde este prisma? 

Creo que hay que volver al origen y simplificar. Relax. Es decir, ser quienes somos sin culpa ni frustración, sin peso sobre nuestros hombros. Y querernos, querernos mucho. La autoestima es la solución a muchos de nuestros problemas actuales.

Defiendo unos valores básicos, a mi modo de entender, para vivir en armonía conmigo y con los demás, pero más allá de eso, estar en una guerra continua en pos del "progreso personal" o de ser "el mejor" es un camino que se precipita irremediablemente hacia el abismo de la infelicidad permanente. No me entiendas mal, si alguien siente que debe superar determinados aspectos personales es lícito que lo haga, pero con cariño, desde la autocompasión y el amor hacia si mismo, con el fin de vivir con mayor plenitud y armonía interna y con el entorno; no desde la exigencia constante que arrastra al desaliento y a desear cada vez más y más para saciar esa carencia interna, ese vacío oculto: el de no aceptarse, el de no quererse tal cual uno es. Ese vacío intangible que te arrastra sin remedio a buscar la aprobación ajena de quien admiras y sientes superior a ti mendigando el amor que tú no sabes darte. Ese vacío que te empuja a sucumbir ante la sociedad de consumo formada por individuos insatisfechos. 

La autosuperación debe ser algo que nazca de tu interior, no de fuera, es decir, no debe ser una imposición de otra persona, pues así tu autoestima peligra y te conviertes en la diana perfecta de múltiples abusos. Es necesario conocerse, aceptarse y quererse de verdad así, entre otras muchas cosas, aprenderás a respetarte para ser capaz de protegerte de esas personas insaciables y ávidas de poder que, nos guste o no, existen.

Te dejo este enlace para reflexionar. Lo se, es un caso extremo, pero es un buen ejemplo del tema en cuestión. A groso modo se trata de una mujer que participó en los Olímpicos de Los Ángeles en 1984, en la primera maratón femenina. Se forzó hasta tal extremo que, aún teniendo paralizada la mitad de su cuerpo, rechazó la ayuda médica para que no la descalificaran. Al cruzar la meta, que era su sueño, colapsó. El artículo termina diciendo:  "Así el nombre Gabriela Andersen se convirtió en sinónimo de determinación y perseverancia." 

¿Tú qué opinas? ¿perseverancia y determinación? ¿autoagresión? ¿superación personal? ¿obsesión? ¿límites rebasados peligrosamente? ¿Hay que aplaudir estas conductas competitivas aún cuando la salud está en juego? ¿Dónde está la autoestima? ¿Es saludable cumplir los sueños a toda costa? ¿Qué valores promueven las competiciones? ¿Qué hay en el trasfondo de una persona que compite... hay paz y armonía o está viviendo en continua lucha consigo mismo?

¿No te resulta extraño o curioso que gran parte de la sociedad esté tristemente obsesionada por mejorar, crecer, progresar...? Llámalo como quieras, pero en el fondo todo es lo mismo:  querer más, más y más. ¿Qué carencia primigenia está oculta tras tal deseo insaciable? 

Dándole otra vuelta de tuerca... ¿No crees que esta carencia interna colectiva predecesora de tal avidez podría ser el meollo de muchos problemas actuales? Me aventuraría a decir que la cuna de los desastres medioambientales, económicos y políticos reside justamente en esta carencia de base que aúlla hambrienta en pos de colmarnos. ¿Qué nos falta? ¿Por qué estamos tan insatisfechos? Creo que la respuesta está en el tercer párrafo. De hecho la sociedad de consumo en la que nos vemos sumergidos se vale de este deseo insaciable de la mayoría.

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

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