28 diciembre 2014

Baila con la vida



    Autor de la imagen: desconocido por el blog

Hoy comparto un texto inspirador, parte del epílogo de "El camino de la hormiga" de Ramiro Calle. Y es que es muy cierto que todo sería más sencillo si nos entregáramos sin reservas al baile de la vida; un paso atrás, dos adelante, giro y media vuelta... y vuelta a empezar. 

El reto: vencer el miedo. 

Lo importante es no quedarse inmóvil, inerte, no desaparecer en la apatía. Seguir el compás del movimiento que nos guía, de la ilusión que, a veces, se asoma tímida.

Y ahora sí, os dejo esta interesante reflexión de un gran maestro:

 “Todo fluye, nada permanece. Todo transita, nasa se detiene. Todo viene y parte, nada se queda. Y, sin embargo, no sabemos ser fieles a la naturaleza del momento, fluir con el curso de los acontecimientos desde la consciencia y la ecuanimidad, saber tomar y saber soltar, dejarnos inspirar por el abierto y apacible espíritu del valle. 

La vida no es una fotografía fija. No es una diapositiva inmóvil. No es una escena que se detiene. La vida sigue su curso, es impredecible e imprevisible, como el mercurio que no puedes coger con los dedos, como el torrente de agua que encuentra la manera de seguir su curso,  Nada deja de estar sometido a la transitoriedad, pero cuando algo dura más nos engaña, como si fuera el más hábil prestidigitador, y creemos que es fijo, que dura siempre. 

Lo fijo se endurece. La flexibilidad es vida, pero la rigidez es muerte. Lo fijo está en la mente, pero no en la vida. La mente acumula, endurece, se adhiere a viejos modelos y patrones, imita, no se renueva, carga con su fardo de traumas, complejos, frustraciones y heridas psicológicas. La vida cambia, pero la mente se agarra con desesperación a su jaula de ignorancia, avaricia y odio. La mente quiere detenerse en sus esquemas, en sus ciegos y mecánicos modelos de pensamiento, en su culpabilidad, su desdicha, su rencor y su necedad, Los años discurren y la mente se niega a cambiar. 

Cuando una habitación no se ventila, su atmósfera se enrarece. Cuando el agua no fluye se vuelve sucia y maloliente. En el trasfondo de la mente hay pus que liberar; en la trastienda de las emociones, hay fango que limpiar. La idea de despertar es una idea, una más. Hay que despertar. No se trata de una idea fija. Nadie despierta con la idea del despertar. Hay que poner todos los medios para irlo consiguiendo. 

Lo fijo se oxida. Lo fluído permanece en su inspiradora frescura. Un amor que se fija no es amor, sino una obsesión. El amor se expande, fluye, se irradia. Nunca se detiene, no tiene límites. 

Porque todo fluye hay tres cosas que nunca pueden recuperarse: la flecha disparada, la palabra dicha y la oportunidad perdida. Porque todo fluye, Buda se encontró con el detractor que el día anterior le había escupido y le sonrió ante su sorpresa, diciéndole: "ni tú eres ya e que  me ofendió ni yo el que recibió la ofensa". Así no hay lugar para el afán de venganza, el rencor, el odio  que se fija en el alma y le impide renovarse.”

Así de fácil, así de difícil... 

Propósito para el nuevo año: bailar con la vida...

Te apuntas? 

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos                     

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