03 abril 2013

Piensa en verde, educa en verde

Autor de la imagen: desconocido por el blog
Cierro los ojos y, en un acto consciente, voluntario, evoco mi infancia.  En un santiamén me encuentro rodeada de hojas de morera...  En aquella época aún se encontraba algún descampado con árboles. Allí acudíamos los niños, entusiasmados, para recoger las hojas de morera que servirían de alimento a nuestros queridos gusanos de seda, todos ellos, pobrecillos, guardados a buen recaudo dentro de una caja de zapatos agujereada, aguardando el día que por fin pudieran volar...

Recuerdo las ansiadas y alegres tardes de Viernes, esperando feliz el momento de salir de la escuela para llegar a casa, recoger la merienda, delicadamente preparada por mi abuela, y salir pitando a jugar a la calle... Algún que otro día especial, mi tío venía a buscarnos y nos esperaba a la salida del colegio con unas pastitas deliciosas que comíamos de camino a casa. 
Recuerdo las tardes de juegos en el  barrio, siempre junto a mi hermano pequeño. En aquellos tiempos se podía salir a jugar con los amigos tranquilamente al aire libre, aún existían espacios cercanos a casa que te permitían contactar con la naturaleza. Escarbábamos la tierra para construir estupendos castillos o moldear deliciosos pasteles... Recuerdo la vieja cuerda de saltar, las canicas, algunas de ellas ya descascarilladas, la peonza de madera, recuerdo disfrutar jugando al escondite, a pica pared, a la charranca.  Recuerdo jugar "a ver quien se ríe antes"con mi abuelo, él se esforzaba haciéndome mil y una caras a las que yo sucumbía al segundo desternillándome de risa...
Todavía entonces el juego era siempre creativo, cada día era diferente aunque disponíamos de los mismos medios... 

Con el tiempo las cosas han cambiado mucho, las ciudades cada vez se han vuelto más grises, casi ni un ápice de arena encuentras en ellas, salvo en alguna placeta olvidada... Esto, y otras cuestiones, ha desembocado inevitablemente en un cambio en el juego de los niños de ciudad. La mayoría de ellos, en su tiempo libre después del colegio,  suele quedarse en casa, o en clases extraescolares, encerrados entre cuatro paredes, jugando a videojuegos, viendo la tele... y esto, después de asistir a un montón de clases en el colegio. Pasan demasiadas horas al día sentados, encerrados, encorsetados... No es lo idóneo para un desarrollo sano. 

Es importante acercar a los pequeños a la naturaleza, descubrir con ellos el mar, la montaña, los animalillos del lugar. Realizar con ellos actividades en el exterior como buscar hojas de diferentes árboles, saltar, reir, darles la oportunidad de ser niños en definitiva...
El niño ha de explorar, ensuciarse, caerse y levantarse... así aprende a vivir, mediante el juego,  desarrolla su sociabilidad, su psicomotricidad, su capacidad de resolver problemas, sus habilidades en definitiva, y el escenario ideal para hacerlo es la naturaleza, los espacios abiertos. 

Sería bueno hacerle saber que somos parte de la naturaleza que si no la cuidamos nos descuidamos a nosotros mismos. No vale sólo llenar su cabecita de datos sobre  el medioambiente, lo que provocará, seguramente, rechazo. Es mucho más efectivo que aprenda a amar y respetar  la vida en la misma naturaleza, tanto a sus semejantes como a los animales, porque todos somos parte de ella. 



Plantando una semilla, por ejemplo, descubrirá sus ritmos, podemos enseñarle a cultivar la paciencia, la constancia, a asumir responsabilidades... Aprovechemos y enseñémosle a disfrutar del proceso del crecimiento de la semilla, del camino, y no sólo de los resultados, le ayudaremos así a romper futuras cadenas que lo atarán a sus logros para ser feliz... Aprenderá a desterrar de su vida la inmediatez, las prisas que hoy día nos invaden...
Aprenderá de la vida, de lo realmente importante y esencial. Y sobretodo construirá el día de mañana un mundo nuevo, un mundo mejor.

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos