23 mayo 2019

"La ética invisible de un soldado"

Te aviso, hoy me he permitido divagar de lo lindo... pero si a alguien le sirve esta reflexión para abrir su mente a nuevas ideas, bienvenida sea mi divagación. Mi intención de hoy es mostrar la relación entre la calidad del entorno familiar como prevención de futuros problemas. Verás que el camino hasta llegar a esa conclusión se basa en un ejemplo bastante extremo pero muy claro.

Hoy me preguntaba ¿Qué sería de un mundo sin ética, sin ciertos límites morales? ¿Qué sería de un mundo dónde se venerara la negación o inexistencia del bien y el mal, o sea, dónde se defendiera una realidad neutra frente a la interpretación personal de los hechos? Quienes defienden esta ideología afirman que, independientemente de lo que nos pase, siempre, y en última instancia, somos nosotros los que elegimos sufrir por ello. Por otro lado, se me ocurren miles de situaciones "neutras" como por ejemplo: violaciones, malos tratos, engaños, manipulaciones, etc. Me pregunto ¿sería esta gente capaz de defender su teoría de la neutralidad delante de personas que han sufrido tales aberraciones sin que les salgan los colores? Y ya no hablemos de la "teoría" del agradecimiento  a mansalva y sin ton ni son... 

Por otro lado, si todos nos rigiéramos por unos valores básicos, como por ejemplo no dañar al otro, no haría falta una guía externa pero, si por el contrario, viviéramos bajo el yugo de ciertas carencias humanas se tornaría necesario vivir sometido a unas normas más sensatas que las propias. 

Un mundo sin ética sería un mundo peligroso ya que podría derivar en malos tiempos, dónde dominaran sujetos exentos de sentimientos. Hoy en día a esta gente insensible en extremo se la etiqueta de psicópata por consenso médico. ¿Recuerdas todo lo que nos han contado sobre la Alemania nazi? Soldados cumpliendo ordenes dignas de alguien inhumano, incapaces de distinguir el bien del mal. Médicos y enfermeras experimentando con adultos, niños y bebés, sometiéndolos a torturas por el "bien" de la ciencia y la humanidad. Me pregunto qué se entendería en tal caso por humanidad; quizá un grupo de sujetos incapaces de distinguir el bien del mal. En este post me extiendo sobre este tema.

¿Cómo una persona puede llegar a tales extremos? Creo que en el párrafo anterior está la clave. Entrenando y condicionando sus mentes, y también sus cuerpos en el caso de los soldados. Quizá mediante algún método disociativo tal que llegara a degenerar en un total distanciamiento de sus propias emociones - por tanto serían incapaces de empatizar con el sufrimiento ajeno - llevándolos a un estado de conciencia propio de autómatas: no sentir nada, no pensar demasiado y obedecer mucho. Si me permites una aportación u opinión personal, creo que estos soldados podrían ser personas con serias carencias emocionales en su infancia por tanto, con una baja autoestima que derivaría en una sed continua por la aprobación externa de un superior para suplir el vacío de base. En el fondo sería una tragedia. ¿Podrían ser estos estados carenciales de base el caldo de cultivo idóneo para "fabricar" soldados obedientes? 

Aunque hoy en día nuestra realidad sea distinta, es de sabios prevenir antes que curar... ¿Cuántos adolescentes se sumergen en el mundo de las drogas por encajar en un grupo, por dejarse manipular o por no saber mantener el no ante la insistencia del grupo? ¿Cuánta gente ha sido y sigue siendo embaucada por sectas peligrosas y acaban permitiendo, y realizando, aberraciones por los mismos motivos? ¿Cuánto maltrato psicológico encubierto existe todavía? En estos casos también podría hablarse de "soldados" con carencias.

Creo que una familia respetuosa y amorosa, es la base necesaria para desarrollar una autoestima sólida. Y ésta conforma los cimientos de una sociedad madura y, lo más importante, no manipulable. 

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11 mayo 2019

Un viaje en el tiempo. La historia del yoga 2

En el post anterior decía que iba a escribir una serie de artículos hasta completar una visión global de la historia del yoga. Pensándolo bien, creo que es mucho mejor compartir la fuente original ya que  así podrás conocer la visión  de Vicente Merlo - además de la perspectiva histórica que expone Agustin Paniker. Así es que, si tienes un ratito, y te llama la curiosidad, aquí te dejo esta interesante charla, una oportunidad de oro para cuestionarse las cosas y sacar tus propias conclusiones. 

¡Que la disfrutes!



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06 mayo 2019

Un viaje en el tiempo. La historia del yoga

"La vida es yoga" Sri Aurobindo

Si aceptamos esta visión, la comprendemos y la interiorizamos de verdad, poco sentido tiene hablar de una "práctica de yoga", ya que, según Sri Aurobindo, yoga hace referencia a una filosofía de vida, una manera de estar en el mundo que poco o nada tiene que ver con una práctica física sistemática. 

¿Conoces a Sri Aurobindo? Es el fundador del yoga integral. Un yoga que no tiene como propósito el asana, ni las técnicas de respiración o movimientos extremos. Es más psicológico, con reflexión y autoanálisis como herramientas para el desarrollo. Pero antes de llegar a Sri Aurobindo, hay un largo trecho que recorrer, una amplia, rica e interesante historia previa. Me gustaría hacer este viaje a través del tiempo para que nos ayude a entender qué es lo que le ha ocurrido al yoga desde sus inicios hasta llegar a esta disciplina, mayormente física, que hoy día conocemos y entendemos como "práctica de  yoga" 
¿Qué entendemos hoy día por yoga? posturas imposibles, cientos de talleres específicos, retiros, venta de marcas de ropa, de esterillas, de cremas... ¡hasta de agua! El yoga ha pasado de ser una vía de "liberación" a un producto de consumo más que, para más inri, nos ata más fuerte si cabe a esta sociedad esclava y cautiva del consumismo... Paradójico, ¿no crees? Lo que en principio era una filosofía de vida para la liberación se ha adaptado a la perfección a esta sociedad para encajarnos una vez más a aquello de lo que en principio huíamos, el materialismo. Así, seguimos presos pero eso sí, con estilo y buena postura. En la era de veneración a la imagen, al exterior, poco atendemos al interior, que en realidad es de dónde parte el yoga. 

Suele creerse, sobre todo en entornos de defensores acérrimos de un yoga "tradicional", que éste es inamovible y que ha ido pasando a través de los siglos como una réplica de si mismo sin apenas variantes. Los más "puristas" defienden la tradición a capa y espada, pero... ¿Qué tradición? ¿A cuántos siglos nos remontamos para definir y llegar a un yoga tradicional? 

En realidad, en el yoga primigenio, el tradicional, no existían las asanas o posturas. Éstas, como veremos, llegaron siglos después. Por otro lado, la idea central que postulaba este yoga original, se refería al hecho de recoger los sentidos y la mente hacia el interior para unirlos con el atman. Si te fijas, esto, en terminología de Patanjali, se refiere solamente a los cuatro últimos peldaños o ashtangas: pratyahara, dharana, dhyana y samadhi. Es decir, el yoga primigenio se refería simple y llanamente a la meditación pura y dura. Nada de posturas. 
Por eso, no tiene demasiado sentido la defensa de un yoga tradicional o primigenio cuando lo hacemos desde las posturas. Si uno es honesto ha de reconocer que el yoga de hoy es un yoga, mayormente, físico adaptado a las necesidades de esta sociedad nuestra ocupada y además preocupada sobre todo por la imagen, las redes sociales son prueba de ello, y de la tradición inicial poco queda, en general.

Para empezar a situarnos, decir que el origen del yoga fue el resultado de una mezcla de distintos sustratos: varias tradiciones indias, el budismo y los upanishad. Por consenso, se ha acordado que la primera vez que fue nombrado tuvo lugar en un texto poético muy antiguo, en uno de los upanishads, concretamente en kata upanishad, en los siglos V - VI. 
Fue más tarde, ya en el s. II, cuando Patanjali, recopila toda la sabiduría que hasta el momento se encuentra dispersa pues, desde sus orígenes, la transmisión del conocimiento yóguico se hace de manera oral, pasando de maestro a discípulo año tras año. Cabe subrayar que, para Patanjali, la liberación o samadhi, no significa la unión con Brahman, sino el descubrimiento último del purusha latente de cada individuo que es diferente del resto de purushas y también del purusha supremo que es Isvara. Es una liberación interna.
Más tarde, con el tantrismo, hay un punto de inflexión muy importante, decisivo, podríamos describirlo incluso como una transformación. El tantrismo arrasa en el continente índico, barriendo e impregnando todas las tradiciones de la India: jainismo, diferentes budismos, hinduismo, etc. Y a partir de aquí, del tantra,  tres aspectos toman mucha relevancia: el cuerpo, la naturaleza y la mujer. 
Es en este contexto dónde aparecen nuevos yogas: yoga del sonido, energético, esotéricos, rituales, etc. El cuerpo del yogui pasa a ser su templo. Y es ahí cuando aparecen una serie de textos esotéricos como el Shiva samhita, el gheranda samhita, el hatha yoga pradipika... Es en el hatha yoga pradipika, s. XV, dónde  se conforma lo que hoy conocemos como hatha yoga. Fíjate que ya han pasado unos diez siglos desde sus inicios en el kata upanishad. El hatha yoga pradipika es pues el texto más antiguo del hatha yoga. Es en este contexto, no antes, cuando se le añade a la práctica meditativa (yoga original o tradicional) esta nueva parte energética y física (una decena de asanas) que conformará este otro nuevo yoga, el hatha. Es justo en este momento dónde las  llamadas castas bajas "se cuelan" para seguir una espiritualidad. A veces invirtiendo la tradición de "pureza", comiendo carne, bebiendo alcohol, yendo a crematorios, teniendo relaciones sexuales, etc. Estos comportamientos "impuros" no son bien vistos por la ortodoxia brahmánica, es más, les asusta bastante, y durante los siglos XV, XVI, XVII y XVIII el yoga se asocia en la India a grupos marginales, peligrosos, ascetas guerreros.  

Si te interesa el tema, el próximo día seguiré con este marco histórico del yoga. Hablaré del papel que juegan los británicos, de cómo el yoga finalmente adquiere o recupera la "respetabilidad", del origen del surya namaskar, etc. Espero que te sirva para tener otra perspectiva.

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04 mayo 2019

Cerrar los ojos para sentir, para comprender, para ver...

Cuando empecé mi formación en yoga, poco más sabía a parte de tener la certeza de que la práctica de posturas me relajaba. Como aprendiz, seguí a raja tabla mi práctica que consistía en 3 o 4 horas diarias de asanas, pranayama, mudras, meditación, etc. además del estudio. Lo hice durante dos años, el tercero aflojé un poco. Paulatinamente he ido escuchándome cada vez más, acercándome a mi interior, hasta que de manera natural, me he ido alejando cada vez más de la práctica física. Siento que asana ya cumplió su función, entonces llegó un desapego gradual de la práctica, sin forzarlo. Poco a poco he ido abandonando las posturas, ya no me "torturo". De ahí el título del post. Cerré los ojos y sentí, me escuché, comprendí... pude ver todo aquello que me dañaba y, finalmente, me alejé, lo abandoné. Esto no implica que nunca más practique asana, no, pero no creo que lo haga de forma rígida y sistemática. Por otro lado, hay miles de formas de ejercitar el cuerpo, por ejemplo, caminar a diario es un ejercicio de lo más natural y saludable, no hace falta mucho más. Claro que esto es solo factible para las personas que se han liberado de la tiranía social que nos empuja a moldear el cuerpo para ajustarlo a los cánones actuales de belleza. Con el tiempo, y en base a mi experiencia, he llegado a una conclusión, y es que no creo que el hatha yoga sea una parte esencial del yoga, al menos para todo el mundo (para algunos quizá sí), tan solo es una "forma" física del mismo, pues el yoga adquiere múltiples formas. 

Por otro lado se dice que el hatha es para todos, pero yo lo pongo seriamente en duda, a no ser que se trate de un hatha adaptado a cada individuo y no multitudinario como en la mayoría de centros. Un experimentado profesor americano asegura que si uno no parte de un cuerpo mínimamente fuerte, puede hacerse mucho daño con las posturas, y a eso hay que añadir que un profesor de yoga no es un experto en anatomía, a menos que uno se haya tomado la molestia por su cuenta y se haya dedicado a ello con seriedad. La mayoría de veces el profesor se centra en el alineamiento, olvidándose así de la anatomía que, por otro lado, difiere de una persona a otra, causando así un posible daño. Según mi experiencia, al hatha le falta un estudio serio y profundo de la anatomía humana. Y aunque se pretenda ligarlo a la espiritualidad oriental, no hay que perder de vista que es un ejercicio mayormente físico. De hecho si has visto esta charla, sabrás que la gran mayoría de las posturas que se practican hoy día, están más ligadas a occidente - a la gimnasia sueca por ejemplo - que a una tradición espiritual oriental milenaria. Para mostrar esto tan solo hay que apuntar que el famoso surya namaskar nació en los años veinte... como la gran mayoría de posturas. Cabe señalar que fue en el siglo XV donde se conforma el hatha, en un texto llamado hatha yoga pradipika, en el cual solo constan una decena de posturas, las más antiguas. Es decir, el hatha apenas cuenta con 600 años de existencia, y la mayoría de las posturas apenas llegan a los 100 años de antigüedad. Te invito fervientemente que veas el vídeo, con él te darás cuenta de algo importante, el punto de inflexión, el tantra yoga...

Entonces ¿Qué se entiende por yoga tradicional, el milenario? La meditación. Y ¿es beneficiosa para todo el mundo? Francamente, no lo se... Hay quien asegura que no, que depende de las circunstancias personales. Existen profesionales y estudios que la desaconsejan en algunos casos. Aquí puedes ver un extenso artículo al respecto. Por mi parte, y debido a mi joven experiencia, no puedo decir nada al respecto, tan solo se que es responsabilidad de cada cual informarse muy bien y decidir por si mismo antes de empezar cualquier práctica de tal calibre, ya que implica una alteración de la conciencia. Una alternativa a esto es intentar poner todos los sentidos en cada tarea a realizar, es decir, vivir al día a día con la máxima atención posible, sin perderse en el caos mental. El entrenamiento pasa a ser la vida misma, poner atención en las sensaciones corporales mientras te duchas, en la temperatura del agua mientras friegas los platos, etc. Aunque también es cierto que, aunque sea beneficioso vivir en el presente, también lo es, además de realista, resolver cuestiones del pasado y atender al futuro de vez en cuando, pues en algún momento de nuestra vida debemos pensar. Hemos llegado a demonizar a nuestra mente, muchos hindúes la llaman el mono loco - y esto ha sido acatado sin rechistar por muchos occidentales - y la verdad, yo creo que nuestra mente también somos nosotros,  forma parte de nosotros, demonizarla no es sano ya que implica demonizarnos a nosotros mismos, y nos disociamos, creo que es el camino más rápido al desequilibrio, a volvernos un poquito más locos si cabe... Si uno quiere disfrutar de una buena autoestima no puede creer a pies juntillas que su mente es un "mono loco", a no ser que crea firme y tajantemente que su mente no forma parte de su persona... cosa por otro lado, algo peliaguda, creo...

Volviendo a asana, y en referencia a los practicantes de meditación, es bueno saber que se puede meditar perfectamente evitando dañar la articulación de rodillas y/o tobillos. Si duelen, no es beneficioso hacerlo en asanas meditativas avanzadas, y mucho menos durante mucho tiempo, sobre todo teniendo en cuenta la constitución del occidental medio de hoy en día, tan distinta a la del indio medio. Si eres de los que pasan largo rato en estas posiciones, vigila la circulación de las piernas. No sería la primera vez que alguien se daña por insensato. Es bien sabido que, en la meditación budista, muchas de las representaciones meditativas de Buda son en posición de loto, pero también de pie, recostado o sentado. Y aunque no fuera así, el maestro - como se suele decir, está en tu interior, eres tú mismo. Él te guía, escúchalo, cierra los ojos y, de vez en cuando, cierra también los libros por muy "antiguas" que sean las escrituras... a veces es más sensato atender a tu intuición.

Por mi parte he de confesar que del yoga me quedo con herramientas muy concretas, y no desestimo algunos valores que, si bien forman parte de su bagaje, no los considero exclusivos del mismo sino universales. Así sigo mi camino particular, aprendiendo siempre, quedándome con lo que me sirve y desechando lo que me chirría y siento contrario a mis principios. Con el yoga, finalmente, he hecho lo mismo que hice en la escuela y en otros ámbitos, quedarme con lo que realmente me interesaba. Y así seguiré haciéndolo cada vez que me adentre en una nueva filosofía o materia. Confieso que del mundo del yoga me desengañé o desenamoré hace mucho tiempo y aseguro también que me trajo más de un quebradero de cabeza... Por mi experiencia puedo afirmar que no es una panacea, es más, existe una publicidad engañosa cuando se afirma que cura un sinfín de enfermedades... y en algunos casos es beneficioso, claro que sí, por ejemplo puede resultar un bálsamo para el estrés pero de ahí a tener efectos "milagrosos" hay un trecho. 

Concluyendo diré que soy bastante reacia a religiones, doctrinas y dogmas, creo que en la vida nos podemos regir por una filosofía mucho más simple: no hacer al otro lo que no nos gusta que nos hagan a nosotros mismos y, sobre todo, respetar esta máxima: el fin no justifica los medios. 
Aún así el aprendizaje que he adquirido con esta experiencia es más que valioso, el más importante, incrementar más si cabe mi capacidad crítica, quitarme la venda de los ojos y ser capaz de tener más autoconfianza al bajar del pedestal a los referentes y verlos como iguales. Y eso es un aprendizaje que no se paga con dinero, me lo llevo puesto para el resto de mis días.

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01 mayo 2019

No crezcas nunca... ¡revoluciónate!

En ocasiones, o a menudo, se enciende una lucecita en la mente y se llega a rozar una mínima comprensión de porqué Peter Pan no quería "crecer". ¿Te acuerdas de Peter Pan y los niños perdidos? Sí, aquel que vivía en el país de Nunca jamás, una isla repleta de indios, hadas y sirenas dónde hábilmente burlaba a malvados piratas con la ayuda de Wendy y campanilla. Entrañable...

Y ¿por qué no quería crecer? ¿Qué implica crecer? Un cambio ¿Y, este cambio es para bien? Pues... depende de la cultura en la que estés inmerso. ¿Cuántos de nosotros han jurado y perjurado que nunca harían tal o cual cosa y, después, bajo el lema aplastante de "madura o crece" ha claudicado ante algo que en principio era intragable? El hecho de "crecer" lleva implícita una trampa casi imperceptible, y es que implica una renuncia a una parte importante de nosotros mismos y la mayoría de las veces se hace de manera inconsciente. 

Crecer, en realidad, significa cumplir con determinadas normas culturales predeterminadas, destinadas a no alterar el orden establecido por la misma. En nuestro caso, una sociedad movida por una sed insaciable de "mejora constante", consumismo obsesivo, progreso desmesurado... dónde nunca nada es suficiente y nos mueve el más, más, más... crecer es comprar y tirar eternamente, vestir a la última, conducir el último modelo de coche, casarse, tener hijos, algún hobby para después del trabajo, viajar mucho, etc. Crecer implica pues no dejar de ser ese niño llorón insatisfecho e insaciable. Paradójico, ¿verdad? 
En otras culturas crecer implica otras cosas. Yo no he estado en África pero mucha gente cuenta que los africanos son como, y permíteme la expresión, "niños" grandes. ¿Qué pasa que no han "crecido"? Sabemos que la educación en una cultura determinada sigue una prácticas comunes que implican varias áreas de la persona y difieren de una cultura a otra. El paso a la edad adulta, por tanto, también varía. No es que aquí seamos más maduros que en otra parte del mundo, es que seguimos otras pautas.

A veces maldigo las palabras, otras las adoro. Lo mío con las palabras es una relación de amor - odio... Qué fácil es enredarnos con ellas para manipularnos con conceptos inventados y condicionamientos varios.  Hoy ojeaba un libro de antropología que tengo hace años y me ha hecho gracia leer en el índice, en el apartado de grupos estratificados, las castas vistas desde arriba y desde abajo. No es lo mismo dependiendo de la perspectiva... ¿verdad?

Me voy a poner peleona al final... No crezcas nunca, ¡revoluciónate! No al crecimiento, sí a la revolución personal. Crecer, en esta sociedad, denota "progreso", "evolución", ser "más" de lo que ya se es de por si, y ese no es buen lugar de partida si queremos salvaguardar nuestra autoaceptación, autoestima y nuestra dignidad como personas. La revolución personal no implica ser ni menos ni más, simplemente alude a transformarse en algo distinto, ni mejor, ni peor, pero eso sí... transformarse en algo elegido por voluntad propia que nos beneficie a nivel psicofísico. Decrezcamos de una vez... dejemos de "berrear por el último modelo". 

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30 abril 2019

El dualismo de Patanjali. Desgranando un dogma

Te aviso que, si no has profundizado un poco en el mundo del yoga, este post se te va a hacer pesado no, lo siguiente... En cambio si te has sumergido en el yoga, probablemente, habrás leído a Patanjali. Este texto, los yoga sutras de Patanjali, es uno de los imprescindibles si se tiene intención de profundizar y entender un poco más el sentido de toda esta realidad tan dispersa de lo que venimos llamando yoga, en este caso, raja yoga o yoga de la mente. 
Si eres conocedor del texto, serás consciente del dualismo del que se impregna, pues hay una clara distinción entre purusha y prakriti. Es decir, se asume en toda la exposición una visión fragmentada del ser humano que se manifiesta en la dualidad propuesta mediante la definición de atman o purusha como esencia o verdadera naturaleza, el aspecto masculino de la persona y, por otro lado prakriti, como la naturaleza externa o aspecto femenino. Creo, se podría afirmar pues que se trata de una concepción dualista: mente separada del cuerpo. 

Por otro lado lo que, en general, se entiende en occidente por yoga tiene que ver con toda una serie de posturas o asanas que, según la escuela con la que te des, tendrán una u otra finalidad. Si nos remontamos a los textos antiguos, el hatha yoga, que es el yoga más "físico" ya que utiliza como herramienta principal la ejecución de posturas con atención plena a la respiración, es un medio o una vía que nos prepara para el yoga mental o raja yoga, la meditación. Es decir, el hatha yoga sería un "paso previo", una preparación. Y el objetivo principal es la unión cuerpo-mente o, siguiendo la tradición más purista, unión con Dios (entiéndase a Dios como cada cual guste), aunque vendría a ser lo mismo pues, según la tradición, dios está en el interior de cada uno. Bien, si esta práctica de posturas se hace con atención plena, se convierte en una meditación en movimiento que nos unifica ya que estamos centrando la mente en la respiración, o sea estamos uniendo mente y cuerpo mediante este puente o nexo que sería la respiración. 

Entonces, y ahora viene el quid de la cuestión, si uno practica asanas, poniendo toda su atención en la respiración para unir cuerpo y mente. ¿Qué sentido tiene terminar la sesión de asanas y sentarse a meditar o viceversa? Y es que, si lo que uno busca es esa unión ¿por qué "se entrena la disociación" unos minutos después, o antes - dependiendo del practicante? 

Cuando uno practica la meditación, se sienta cómodamente y observa lo que acontece en su mente,  "olvidándose" del cuerpo. Lo que se está haciendo en definitiva es "entrenar" al "observador externo" que toma conciencia de si mismo. Es decir, aflora la supra conciencia. Describiré este proceso de manera práctica: 
Me siento, pongo atención a mi respiración, por ejemplo, y observo mi mente. Tomo conciencia de cómo mi mente empieza a "fabricar" pensamientos. En lugar de encallarme con ellos, los dejo pasar y vuelvo a centrarme en la respiración o en lo que sea objeto de foco. Esta toma de conciencia, ese darse cuenta de los propios pensamientos, supone una división, se abre una fisura pues, según los sutras, la mente (los pensamientos) forman parte de prakriti y la conciencia es una propiedad de purusha. Por tanto el observador, purusha (supraconciencia) observa a prakriti, la mente. ¿No es algo peliagudo quedarnos encallados en dharana (centrar o enfocar la mente en un punto)? Si esto ocurre no somos capaces de llegar a dhyana (meditar o centrar la mente durante el tiempo suficiente) para poder llegar a samadhi o unión. ¿No quedaríamos, en ese caso, disociados? Si bien, según los sutras, existen "grados" de samadhi, también es cierto que para muchas personas es más que difícil enfocar la mente durante el espacio de tiempo suficiente que permita  llegar a tal unión o samadhi. Pareciera pues, en estos casos,  que estuviéramos deshaciendo (en meditación "a medias") lo hecho (en asana) continuamente, o  rehaciendo lo deshecho, como quieras verlo. Es decir, en asana "me hago uno", en meditación, si no llego a samadhi - fácil que ocurra, me separo de nuevo. 

¿Tiene sentido o esta reflexión es fruto de una comprensión errónea por mi parte? Quizá sea mi joven conocimiento al respecto el que subraya tal hecho. Por eso, como dije en otro post, no tengo autoridad de ningún tipo para aventurarme y exponer mis conclusiones personales, no obstante me encantaría conocer tu opinión, conocimiento y experiencia al respecto. 

Por otro lado, la respuesta o solución podría estar en el equilibrio. O no... No demasiada tierra, no demasiado cielo... no demasiado cuerpo, no demasiada mente... Unión masculino latente - femenino manifiesto, hemisferio derecho - izquierdo, luna - sol, etc. 

Pd. Ya te avisé al inicio del post que iba a ser durillo... Si has llegado hasta aquí... ¡mil gracias por leerme!

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27 abril 2019

Crea tu ritual para disfrutar del momento

¿Qué es un ritual? En esencia, es el arte de convertir cualquier pequeña rutina en un gran placer. La ceremonia del té, que en japonés recibe el nombre de chanoyu, ha transformado este mundano evento en un delicioso y armónico espectáculo repleto de simbología. Chanoyu representa la belleza de lo simple y la sintonía con la naturaleza. Podría interpretarse como un culto al detalle, a la calma, al deleite en lo sencillo.

Hoy en día, en cambio, se da prioridad a la inmediatez, al resultado de la acción, al objetivo, y apenas se presta atención al proceso, que es visto en demasiadas ocasiones como una transición hacia otra cosa. Este es el quid de la cuestión. Nos perdemos lo importante, la travesía, el viaje de nuestros días. Despreciamos el proceso que es, en definitiva, la vida misma. Imbuidos en el “hacer rápido”, en progresar, etc. muchísimas personas, y quizá sea tu caso,  se ven inmersas en un día a día repleto de prisas, plazos, metas... y esto las aleja cada vez más de una vida plena y feliz. ¿Por qué? Porque se pierde el momento presente y así, la vida se esfuma entre objetivo y objetivo.
Este estilo de “no vida” hace que, tarde o temprano, la salud se resienta. Es preciso, pues, volver a lo simple para recuperar el equilibrio y la serenidad y así ser capaces de saborear las pequeñas cosas. 

¿Te animas a crear tu propio ritual? Puede consistir simplemente en reservarte media hora a la semana solo para ti. Elegir con esmero una tacita que te guste para esta ocasión especial, dale valor. Prepararte un té, un café, un chocolate caliente… lo que sea que disfrutes. Primero, prepara tu rincón - ritual, ponte ropa cómoda, ambienta el espacio con música y aromas naturales quizá. Párate en cada detalle, pon en marcha todos tus sentidos y disfruta, vive.

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26 abril 2019

La leyenda del pez Koi

Cuenta la leyenda que, en un pasado lejano, en el antiguo Japón, el agua del río azul que fluía desde el cielo estaba separada del agua del río dorado que fluía desde la tierra, por el legendario portal del Dragón

El río dorado, llamado así por el color de sus aguas, era el último lugar donde podían nadar libremente los habitantes del mar; ya que los Dioses que caminaban en la tierra habían destruido su inmenso hogar creyéndose los verdaderos dueños de todo lo que alcanzaban ver sus ojos. Entre los habitantes de sus aguas, la familia de peces Koi brillaban a la luz del sol como estrellas relucientes. El de color negro era el papá Koi, el rojo la mamá Koi y su pequeño hijo Koi destacaba por un color azul profundo. Lo que más anhelaba el pequeño pez Koi era llegar a las aguas del río azul, pues su padre le contó que hubo un tiempo en que no existían barreras entre un lugar y otro y, los peces más valientes, los peces dragones, volaban en los cielos como perlas iluminando toda oscuridad. 
La entrada se encontraba río arriba. Traspasando el portal del Dragón, se llegaba a la Gran Cascada del río azul. A todo aquel que llegara le salían alas doradas, para volar, convirtiéndose así en Pez Dragón. 

El pequeño pez Koi, decidido a encontrar la Gran Cascada, se dispuso a nadar río arriba, a contracorriente. Los otros peces, desanimados, pensaban que era más fácil nadar con la corriente y no se molestaban en descubrir que había más allá de la cascada, pues los caminantes de la tierra ponían trampas para burlarse de ellos. A pesar de ser la corriente tan fuerte, el pequeño pez Koi aleteaba lo más fuerte que podía. Avanzaba lentamente pero poco a poco iba fortaleciéndose y se abría  camino por el río. 
Un día, el ruido de su chapoteo llamó la atención de los caminantes de la tierra. Enfadados y rabiosos por el descaro de aquel pequeño pez que se atrevía a desafiarlos, mandaron llamar al monstruo de la gran boca, el cual se tragaba todo lo que nadaba a su paso. Ellos no contaron con un detalle, el diminuto tamaño del pez Koi, gracias al cual atravesó sin problemas la piel agujereada del monstruo. Siguió perseverante nadando río arriba  cuando, de pronto, el agua se tornó oscura y sucia. No podía ver nada y comenzaba a encontrarse muy cansado y enfermo. Los caminantes de la tierra se jactaban de haber vencido los esfuerzos del pequeño pez, cuando de pronto desde la orilla el Dios del Aire, compadecido, mandó llamar a un remolino de viento que se llevó toda la suciedad despejándole así el camino para que continuara. El pez Koi continuó, ya estaba cerca lo presentía en sus aletas. Siguió y siguió nadando, pero algo extraño sucedía... cada vez había menos agua a su alrededor. De pronto se topó con un muro de piedra que se elevaba casi hasta el cielo. ¿Qué podía hacer ahora? Pues al otro lado se encontraba el portal del dragón. Pensó que su única posibilidad era saltar lo más alto que pudiera, lo intentó varias veces, sin rendirse, a pesar de que oía la risa de los caminantes burlándose de él. Una y otra vez alzó su cuerpo al aire para caer de nuevo al agua. Estaba tan cansado que incluso parecía que el muro crecía segundo a segundo, pero no desistió. 
El Dios de las Aguas que le estaba observando, emocionado por su valentía, quiso echarle una mano. Cuando el pez Koi, reuniendo todas las fuerzas que le quedaban, se preparaba para el último salto, el Dios de las Aguas hizo llamar a las olas. Entonces, impulsado por ellas, se elevó hasta alcanzar la cima y pudo así pasar al otro lado de la Gran Cascada del río Azul. 

Así, debido a que no se rindió nunca, el pequeño pez Koi pudo saltar al otro lado del portal. Desapareció abrazado por la espesa niebla. Envuelto en ella renació como un precioso Pez Dragón. 

Dicen que, por las noches, chapotea alegremente por las aguas del gran río Azul. Y, desde ese día, cuando otro pez encuentra la fuerza, el coraje y la perseverancia  de ir a contracorriente superando sus dificultades, es recompensado con la metamorfosis y transformado en un precioso Pez Dragón.

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25 abril 2019

Mi querida plantita guerrera

Convivo con una plantita muy especial, es mi compañera de batalla. Unos se empeñan en no brotar, ella, en cambio, en no diñarla. 

Hace un tiempo que voy observando a una de las plantitas que tengo dentro de casa - no digo de interior porque... ¿existen las plantas de interior? Creo que no. Existen plantas que están dónde no deberían, esto es, en un entorno que no les corresponde, menos cálido y más hostil, por eso necesitan de cuatro paredes artificiales que las resguarden, que las abracen, para sobrevivir - como a veces nos ocurre a nosotros.

Volviendo al tema. A esta planta le tengo especial cariño, es una luchadora, una superviviente que sabe mucho de resiliencia. Es una guerrera silenciosa y sospecho que está cansada, muy cansada. 
Lleva conmigo desde... déjame pensar, mmmmm... puede que sobrepase los 10 años. Ha sobrevivido a diferentes entornos. Unos más cálidos, otros más fríos. La cuestión es que hace unos años, parece que sus esfuerzos sean en vano. Se mueren sus hojas, todas, una a una. Creo que siente frío.
Ahora tiene otro tiesto, nuevo sustrato y muchos cuidados y mimos. Todo lo que no depende de ella, está listo. Y sigue luchando con todas sus fuerzas. Con mucha fotosíntesis a sus espaldas logra alimentar cada brote hasta que le nace una diminuta hojita. Pasan los días y sigue creciendo. Entonces siempre, y sin excepción, aquella empieza a negrear y al final la pierde... Y así, con todas. 

Ahora la pobre pone todo su empeño en la máxima captación de luz solar mediante esa hojita solitaria que asoma escuálida y titilante, y no te creas, que poco a poco lo va logrando pues ya tiene un par más en la retaguardia. Yo le digo que no desespere... pero creo que ya no me escucha, está muy cansada. Se le han congelado las ganas. La he colocado más cerquita de la ventana, para que tenga mejores vistas, pero creo que se ha dado cuenta que estas cuatro paredes no son su hogar. 

Cuando vivía en el barrio de Gràcia de Barcelona, estaba espléndida. Toda ella verde, orgullosa, era pura abundancia. Florecía como si no hubiera un mañana, a lo bestia. Después de la mudanza empezó el declive. El punto de inflexión fue en el transcurso de mi viaje a la India, pues la cuidaba otra persona. Casi se muere.  Cuando volví estaba pelada. Creo que me echaba de menos... 

Ahora, lleva una larga temporada muy pocha. Pero yo confío en ella, y se lo digo con cariño mientras le saco brillo a esa hojita guerrera que le queda. 

¿Tienes la suerte de convivir con una plantita tan valiente como esta? ¿o la has dado por muerta y te has deshecho de ella? 

Yo solo espero que no se rinda... como mi abuelo, que solo tenía una pierna y luchaba cada día. Caminaba y caminaba para fortalecer su sostén, y vaya si lo conseguía. Como mi abuela que perdida en su alzhéimer, tejía y tejía. Como mi otra abuela que los últimos días, casi sin poder respirar, aún sonreía. Como mi otro abuelo que fue fuerte hasta el final y sufrió de soledad pues enmudecía. Como mi tío abuelo un buen hombre, de los más buenos. Como mi padre que a pesar de todo sigue luchando a diario. Y busca el sol por las mañanas, cuando las ganas le dejan, para hacer alquimia de sus fríos y traspasar así las penas . Como mi madre que lo cuida cada día y se olvida de si misma... Os quiero mucho. 

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

24 abril 2019

La vivencia de la ambivalencia. Desgranando un dogma

"Que nada nos limite, que nada nos defina, que nada nos sujete. Que la libertad sea nuestra propia sustancia" Simone de Beauvoir

Vivir en un mundo así, ilimitado, indefinible e "insujetable" -si es que puede llamarse así- desde el inicio de nuestros días sería algo, en principio, ideal. No obstante hemos nacido en un mundo lleno de palabras que nos definen, de etiquetas que nos limitan, de conceptos que nos sujetan, de imágenes y prejuicios que nos acercan y también enfrentan. 

Me encanta la idea de un mundo genuino y libre de todo ello, pero eso implica también pérdidas importantes, pues ¿Qué haríamos sin las palabras? - aunque coexisten con una comunicación no verbal, también somos palabras. Las palabras nos conforman, estamos hechos de ellas. Nos afectan, nos acercan pero también nos enfrentan. No solo son los actos los que crean luchas y guerras, a veces son las palabras las que las crean. 

No lo puedo evitar, la lucha me mata... prefiero la Paz. No se puede vivir siempre peleando por algo... Si todos y cada uno de nosotros, entendiéramos que ante todo somos personas con los mismos derechos, sin distinciones, la lucha caería por su propio peso y reinaría la paz. Si no otorgáramos tanta relevancia a los roles de género, dejarían de existir esas normas rígidas que marcan la feminidad o la masculinidad y veríamos simplemente a seres humanos, cada cual con sus peculiaridades. Si viéramos personas en lugar de colores de piel, si se diera relevancia a unos valores universales, básicos, por encima del dios al que cada cual reza, respetaríamos a todos por igual. No cabrían distinciones por capacidad, raza, religión, etc. y todas las luchas dejarían de tener sentido. 

Si realmente aceptáramos y respetáramos al otro, dejaríamos de insistir en que cumpliera con nuestras expectativas para agradarnos. Dejaríamos de moldear a nuestros niñ@s ya desde pequeños para que encajen en nuestro molde. Creo que antes se caía en el error de criar a niñas princesas y niños príncipes azules. Ahora, pienso que volvemos a equivocarnos pretendiendo justamente lo contrario. ¿Somos capaces de dejarlos ser lo que realmente están siendo?  

¿Podrían ser los pares de opuestos, el origen de todas las batallas? Negro-blanco, mujer-hombre, malo-bueno, lento-rápido, inteligente-ignorante... ¿Sería posible disolverlos del todo? Francamente, no lo se, aunque me decanto por un "casi no". Lo que si creo es que nos hace falta cierto grado de madurez para poder entender la verdadera libertad, a todos - me incluyo. Quizá sería recomendable revisar el significado de libertad, en realidad ¿es algo alcanzable? Liberarse de un opresor, en principio,  es posible, pero ¿qué me dices de liberarse de uno mismo? liberarse de todos y cada uno de los condicionantes que nos atan es, diría, casi imposible. Siempre hay algo que nos condiciona. Podemos cambiar los condicionantes pero, creo, no eliminarlos. Por otro lado, aunque lo ideal fuera eliminar esta realidad dual, ¿no crees que es una utopía? Más bien la utopía, como decía Galeano, sirve solo para eso, para caminar... 

Lo que se impone a día de hoy en este mundo, son los pares de opuestos ¿Cómo vivir ahora de otra manera? ¿Cómo pretendemos demoler de un solo plumazo todo el entramado de nuestro sistema de creencias? Nos quedaríamos indefensos, sin ninguna referencia, como flotando en la nada. Soy partidaria de identificarlas, revisarlas y cambiar aquellas que no nos sirven y nos hacen sufrir, pero de ahí a eliminar totalmente la dualidad casi implicaría eliminar completamente toda nuestra mente, es decir, desaparecer. Llámalo ego, llámalo "la persona que eres", llámalo “yo”. Ese yo que se ha ido formando con todas y cada una de las experiencias que has vivido, ¿estás dispuesto a "borrarte" del todo, a dejarte "en blanco"? por otro lado… ¿puedes hacerlo, es eso posible “en una sola vida”? ¿Es factible tal grado de desapego? ¿No sería este cometido una especie de "zanahoria imposible de alcanzar", generadora además de múltiples frustraciones y culpabilidades? Todavía no he conocido a nadie con tal grado de desapego.

Por otro lado, ¿te has planteado seriamente cómo sería un mundo así? ¿Cómo apreciar la calma si nunca hay tormenta? ¿Acaso no estaríamos un poquito más "muertos" si viviéramos inmersos en ese "ni fu ni fa" constante? ¿Qué sería de nosotros sin la alegría o la esperanza? Desprendernos de lo negativo es algo muy tentador pero ¿estarías dispuesto a perder el polo opuesto? ¿Eso es lo que tú quieres realmente o simplemente es la repetición automática de un dogma? Piénsalo, si no existieran los opuestos no existiría el mal, ¡genial! pero tampoco el bien... deberíamos convivir, y aceptar, actos violentos o abusivos pues no se tildarían como tal... ¿Sería eso entonces la libertad?

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

23 abril 2019

Leer, hoy y siempre

Ayer, viendo una charla de la autora Begoña Oro, descubrí este maravilloso fragmento del libro la ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero: "Y al escribir, uno siente ese compromiso, esa pulsión de hablar por los otros o con los otros. La literatura se dedica a dar vueltas en torno al agujero; con suerte y con talento, tal vez consiga lanzar una ojeada relampagueante a su interior. Ese rayo ilumina las tinieblas, pero de forma tan breve que solo hay una intuición, no una visión. Y, además, cuanto más te acercas a lo esencial, menos puedes nombrarlo. El tuétano de los libros está en las esquinas de las palabras." Guiada por la curiosidad e indagando por internet he encontrado este otro, del mismo libro, "Para vivir tenemos que narrarnos; somos un producto de nuestra imaginación. Nuestra memoria en realidad es un invento, un cuento que vamos reescribiendo cada día (lo que recuerdo hoy de mi infancia no es lo que recordaba hace veinte); lo que quiere decir que nuestra identidad también es ficcional, puesto que se basa en la memoria. Y sin esa imaginación que completa y reconstruye nuestro pasado y que le otorga al caos de la vida una apariencia de sentido, la existencia sería enloquecedora e insoportable, puro ruido y furia.” Lejos de conformarme con esto, para el día de hoy, he buscado otra joya más entre mis estanterías. Entonces, Eduardo Galeano ha llamado mi atención, - pspsps, hola, ¿te acuerdas de mí? he de decirte que me tienes un poco abandonado, olvidadito... Y tiene razón el pobre, para remediarlo he abierto el libro, Bocas del Tiempo, al azar, y he leído: "Mohammed Ashraf no va a la escuela. Desde que sale el sol hasta que asoma la luna, él corta, recorta, perfora, arma y cose pelotas de fútbol, que salen rodando de la aldea paquistaní de Umar Kot hacia los estadios del mundo. Mohammed tiene once años. Hace esto desde los cinco. Si supiera leer, y leer en inglés, podría entender la inscripción que él pega en cada una de sus obras: Esta pelota no ha sido fabricada por niños." Para terminar, una frase de Virginia Wolf, quizá es una dosis excesiva de anti romanticismo, pero... qué leches! "El amor es una ilusión, una historia que una construye en su mente, consciente todo el tiempo de que no es verdad, y por eso pone cuidado en no destruir la ilusión".  Pd. Hoy, no sé por qué - ni me importa, Blogger se niega a justificar el texto... ¡perdona por las "curvas"!

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

20 abril 2019

Las palabras que nos salvan

Si eres aficionado a la lectura, puede que en alguna ocasión lo hayas sentido. Quizá no sea necesario recurrir a largos textos para ello, puede ser que en cuatro líneas lo hayas experimentado también. No importa si se trata de prosa o poesía... 

La alquimia de las palabras. Magia. La transformación de estados de ánimo en tan solo unos segundos. Sí, gracias a lo que las palabras evocan el hastío puede devenir en esperanza, pues, como ya dije en otra parte: hay palabras que curan y palabras que enferman, palabras que dan alegría y palabras que te sumen en la más profunda desesperación... No son las palabras en si mismas lo que te transforma, va más allá, quizá sea el silencio que nace en ti a través de ellas. La "nada" de la dicha plena. La etérea promesa de algo que está más allá de este mundo, de esta realidad. Algo que te está esperando, que nos está esperando...

Hoy, este fragmento de Jane Eyre, de Charlotte Brontë, me ha acariciado el alma. Ha despertado mi sentir, me ha reconfortado en un cálido abrazo literario regalándome un momento de profunda alegría y plenitud. Por si tu también lo necesitas ahí van: 

"Recordé entonces que el mundo real era inmenso y que existía una gran variedad de esperanzas y temores, de sensaciones y emociones, que esperaban a los que tenía el valor de salir a él, de buscar un verdadero conocimiento de la vida entre sus peligros. (…) Fui a la ventana, la abrí y me asomé al exterior. (…). Mis ojos lo sortearon todo para posarse en el punto más remoto, los picos azules; eran aquellas cimas las que anhelaba rebasar."

Sin duda alguna, en algún momento, tendré este clásico entre mis manos, de hecho... ya lo estoy deseando.

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19 abril 2019

Fe y yoga ¿tienen relación?

Antaño, la mariposa era el emblema o símbolo del alma. Los artistas de la antigüedad representaban a Platón con alas de mariposa en la cabeza, por ser el primer filósofo griego que trató la inmortalidad del alma. 

Hay quien cree en la inmortalidad del alma o reencarnación, es decir, se vive desde la fe. Por ejemplo, el hecho de que Mozart con tan solo cinco años fuera capaz de componer obras musicales, es prueba suficiente para los creyentes como demostración irrefutable. También hay quien se basa en la razón y la lógica, y le es un poco más complicado sucumbir a tal creencia, porque la reencarnación es una creencia, ya que no existe evidencia demostrable, o dicho de otra forma, es cuestión de fe. 

Hay que tener en cuenta que sería del todo contradictorio creer en la reencarnación si, simultáneamente, esta creencia coexistiera con otra que defendiera una visión del ser humano según la cual mente o alma y cuerpo fuesen una entidad en si misma o no separada; pues la creencia en la reencarnación se asienta en la idea de que alma y el cuerpo son dos entidades distintas que, al morir, se separan. Es decir, el alma dejaría al cuerpo para habitar un nuevo espacio, o cuerpo, se volvería a encarnar. Lo inmaterial se uniría con la materia de nuevo, se re-encarnaría. Por tanto, y me reitero, la creencia en la reencarnación implica concebir alma y cuerpo como dos entidades separadas y distintas - al menos así debería ser para gozar de coherencia.

He estado divagando sobre este tema, a raíz también de mi joven conocimiento sobre la tradición yóguica - que hunde sus raíces en el hinduismo. Mi intención es exponer algunas cuestiones, ya que muchas veces nos adentramos en determinadas tradiciones sin conocer su trasfondo y, quizá, cuando profundizamos de verdad nos damos cuenta de la contradicción de base en la que quizá nos hemos sumergido, y hacemos consciente lo inconsciente. Creo que hay que tener en consideración una cuestión, si es que se parte de una visión purista y rigurosa del yoga ¿Puede alguien creerse yogui si no tiene fe? Me refiero a un yoga tradicional, ya que es posible practicar asanas independientemente de la aceptación e integración del sentido último del yoga, claro está. Ahora verás por qué te digo esto, aunque te aviso que si no conoces esta tradición quizá te resulte pesado el post de hoy.


Según la tradición, existe una ignorancia primigenia, un desconocimiento de la verdad, que debe ser superada. 

Por otro lado, yoga consiste en la unión mente-cuerpo que, en principio, se supone están separados. El objetivo último del yoga tradicional es superar el ciclo eterno de vida-muerte o reencarnación - llamado samsara - mediante el dharma (misión) y el karma (acción). Éstos, a su vez, determinarán el destino de cada persona en "el proceso de llegar a ser". Es decir, según sea, digamos, la "calidad" de aquellos (dharma y karma), se "evolucionará o involucionará". 
Estos dos términos, evolucionar o involucionar, implican una jerarquía entre seres vivos; pues se considera que el evolucionado es superior al involucionado. ¿Esto genera más separación o más unión? ¿Dónde queda en esta jerarquía la igualdad como valor?
Siguiendo con el tema decir que este proceso cíclico de vida y muerte (de reencarnaciones infinitas o samsara) culmina en el logro de la liberación, moksa, o unión con Dios. Es decir cuando se consigue moksa ya no hay separación sino unión. Pero ¿Unión con quien? ¿con la jerarquía "superior", es decir con los "seres evolucionados" o  Dioses"? 

Otra interpretación más terrenal, y más lejana del yoga tradicional, referente a samsara podría ser que este ciclo de vida y muerte, hiciera referencia a las diferentes etapas de la vida, es decir, cada etapa simbolizara una muerte y un nuevo nacimiento. Y se referiría a la liberación como algo mental e interno. Nada sobrenatural, vaya. ¿Cuál sería entonces la "verdad", cuál la ignorancia primigenia a superar?


Ante un mismo suceso pueden nacer interpretaciones totalmente opuestas, esto es porque cada cual parte de unas creencias propias. Por ejemplo, en referencia a "la ley de conservación de la materia" de Lavoisier que reza: "la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma" podríamos darle dos interpretaciones: El creyente le daría una oportunidad a la reencarnación, seguramente pensaría en la transformación como evolución o involución en "seres superiores o inferiores". El no creyente, en cambio, pensaría que al morir nos transformamos sí, pero en polvo. 

No tengo, ni lo busco, ninguna autoridad moral, académica ni de ningún tipo sobre el tema, para pretender dejar constancia de mis propias conclusiones. Solo quiero abrir la puerta al auto cuestionamiento y reflexión sinceros. Por otro lado me encantaría saber tu opinión y conocimiento sobre ello.

Lo único que sí puedo sugerir es que, como decía Buda, "la mente es causa de esclavitud o de libertad." 

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos