04 septiembre 2019

Wabi sabi, aceptar las imperfecciones

Mini maceta. Autor: Elisabet Blasco
Experimentando con la arcilla. 
Descubriendo al placer de trabajar con las manos. 
Cultivando la paciencia, el ir despacio.
Respetando los tiempos de espera.
Conectando con el vacío desde otro lugar,
con el susurro del sosiego transparente
Amasar, alisar, moldear...
Crear una pieza de la nada.
Dar forma a lo informe.
Disfrutar de los sentidos,
de la tranquilidad, 
De la suavidad de la pieza terminada,
de su color, que me aporta calma.
Mimar cada detalle, 
pintar, lijar, barnizar.
Y al final...
Aceptar las imperfecciones,
amar lo que es,
tal cual es.
Wabi sabi
Trabajando la arcilla
Trabajándome.

Las pequeñas cosas... Mis pequeñas cosas

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

03 septiembre 2019

Una fuente, una esperanza...

Se ha secado el río... Los patos chapotean en un charco. Triste, solitario. Aislado bajo el puente de piedra, entre tierra seca, ya casi arena. Entre ásperas grietas que no traen buenas nuevas... 

Sí, se ha secado el río del pueblo dónde vivo. Este verano he tenido que ir en busca de "agua nueva"... Ríos, lagos y lagunas. Y los encontré, vaya si los encontré, espléndidos, en Andorra. Los patos también han subido río arriba, buscando, y han encontrado un pequeño estanque para bañarse. Dicen que quien busca encuentra. Hay tanto que aprender de los animales... Quizá si no se hubiera secado el río no me hubiera decidido a explorar otras opciones. Quizá si me hubiera dejado llevar por mis expectativas iniciales y me hubiera empecinado en hacer lo que hice tiempo atrás, disfrutar de las lagunas del pueblo, el verano no hubiera sido tan espléndido como está siendo. Por suerte, voy entendiendo, voy aprendiendo a fluir, voy adaptándome. Si las expectativas iniciales no se cumplen, se pueden crear otras nuevas sobre la marcha. Las expectativas, uno de nuestros condicionantes relevantes. Si nos aferramos a ellas y no permitimos o aceptamos un mínimo cambio de situación, sufriremos mucho. 

El otro día paseando por bosques cercanos llegué a una fuente. Pensé: "una fuente, una esperanza". Dicen los lugareños que si se seca esta fuente, lo que nos viene a decir es: "estem perduts" (estamos perdidos). Pero no, la fuente es generosa, por suerte... Espera paciente al sediento caminante que asciende por el sendero. Espera paciente al visitante, en la sombra, bajo las ramas de árboles antiguos

Sí, el río está seco, pero aún brota agua limpia de la fuente. Las circunstancias pueden cambiar, y si el cambio es para mal, es posible sobrellevarlo si aprendemos a adaptarnos. Si permitimos que el agua limpia de nuestra fuente interna fluya de nuevo. 

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

31 agosto 2019

Adiós Agosto. Hola Septiembre

Termina este mes de Agosto. Empiezan, para la mayoría, las rutinas diarias. Si en lugar de vivirlo como una brusca ruptura, como si llegáramos al filo de un acantilado, intentamos hacer esta transición más suave, como si cruzáramos un puente, por ejemplo, quizá lo vivamos de una manera más agradable.

¿Qué has hecho estas vacaciones que te haya aportado bienestar y plenitud? ¿crees que podrías adaptarlo para que este mes se haga más llevadero? Ya se... Honolulu seguirá estando en Hawái... pero quizá puedas hacer algo "similar". Pregúntate qué cosas concretas son las que te han llenado de alegría estas vacaciones e intenta adaptarlo. No sirve algo genérico como "relajarme" ha de ser muy concreto, por ejemplo, "un masaje en los pies". El truco está en... ¡exacto! aprender a vivir con intensidad, apreciar los detalles más simples.

Podrías hacer algo cada día que te aporte bienestar. Te propongo que hagas tu lista "top seven" y la lleves a cabo. Al salir del trabajo podrías acercarte a una playa cercana o a un parque a pasear. O prepararte con esmero ese super desayuno que te da energía y saborearlo con mucha calma y atención. No hace falta que sean cosas excepcionales, de hecho, las cosas sencillas son las que nos proporcionan los mayores placeres. Se me ocurren un millón de cosas: podrías seleccionar una buena película para cuando llegue la noche, pasar un buen rato creando un bonito ikebana, ir a una librería en busca de un  buen libro, tomar un café en una acogedora cafetería y ojearlo, prepararte un tentempié delicioso para el trabajo y compartirlo con algún compañero... hay multitud de opciones. Además, si te gusta la playa ahora es el mejor momento. Rara vez me verás en una playa en Agosto, de hecho, este año aún no la he pisado, estoy esperando el que es el mejor momento para mi, que es... ¡Setiembre y octubre! (o de mayo a Julio).

La cuestión es intentar que tu mente no te lleve por mal camino y te amargue la existencia. Toma tú las riendas. Piensa en todo lo que puedes hacer para sentirte bien, en lugar de darle rienda suelta al polo negativo. 

Te deseo que tengas un feliz Septiembre (y Octubre, Noviembre, Diciembre, Enero...). Visualiza las transiciones como bonitos puentes en lugar de, aunque preciosos también, vertiginosos acantilados.

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30 agosto 2019

Rescatando palabras "antiguas"... ¿vivir o competir?

Aquí... contemplando. Autor imagen: Albert F.
Hace ya varias semanas que estoy bastante "ocupada" disfrutando plenamente de cada momento, por eso hoy - y quizá en días sucesivos - voy a compartir una publicación que hice en Facebook hace ya un tiempo. Sí, estoy en una muy buena época (a pesar de algunas cosas no tan buenas). Cuando este sentimiento - o actitud - me inunda lo aprovecho al máximo porque... ya se sabe, siempre acaban llegando momentos difíciles. 
Como he dicho, rescato esta antigua reflexión. Creo que es una buena oportunidad para parar, pensar y descubrir cuál es nuestra actitud vital predominante. ¿vives o compites? ¿compites contigo mismo o también con los demás?
Al hilo, decir que días atrás hice varias excursiones por la exuberante Andorra, me sorprendí parando cada cierto tiempo para contemplar. Sí, para contemplar, para saborear... para sellar cada momento en la memoria. Las excursiones se alargaban un poco pero valía la pena, y mucho. Quizá años atrás hubiera caminado sin apenas descanso y con un solo objetivo: llegar a la cima. No me hubiera fijado, por ejemplo, en aquella frágil y titilante flor. No hubiera descubierto su exquisito aroma. Y me habría perdido la oportunidad de hacer un perfume con sus pétalos, ya sabes, las pequeñas cosas, ¡que son enormes!. Es más, esta vez ni tan siquiera coroné una cima. Preferí hacer excursiones por un terreno más asequible y disfrutarlo al máximo. Lo más que hice fue ascender hasta unos lagos, espectaculares por cierto (te dejo aquí el enlace por si te animas). Y es justamente en estos días de disfrute que soy consciente de algo: la felicidad te atrapa justamente cuando te relajas y aprendes a saborear la vida, sin buscar nada especial, sin esperar nada más que vivir plenamente este preciso instante. La felicidad se posa en tu hombro y tú solo puedes hacer una cosa, agradecer y dejar que te inunde, sin más. 
Y ahora sí, sin más preámbulo te dejo con el post:
"Algo tremendamente perverso se esconde tras el imperativo: "conviértete en la mejor versión de ti mismo". ¿Acaso no somos "suficiente"? ¿Hay que ser "el mejor"? ¿No somos dignos tal cual somos? ¿Dónde queda la aceptación y la autoestima, desde este prisma?
Creo que hay que volver al origen, simplificar. Es decir, ser quienes somos sin culpa ni frustración, sin peso sobre nuestros hombros. Y querernos, querernos mucho.
De todos modos defiendo unos valores básicos, a mi modo de entender, para vivir en armonía conmigo y con los demás, pero más allá de eso, tratar de estar en continua lucha para ser "el mejor" es un camino que se precipita irremediablemente hacia el abismo de la infelicidad permanente.
No me entiendas mal, si alguien siente que debe superarse en determinados aspectos es lícito que lo haga, pero con cariño, siempre desde la autocompasión y el amor hacia si mismo, y con el fin de vivir con mayor plenitud y armonía consigo mismo y con el entorno, no para ser el mejor, y nunca desde la lucha constante que arrastra al desaliento y a querer cada vez más y más para saciar esa carencia, ese vacío oculto (el de no aceptarse, el de no quererse). Pero sobre todo, el hecho de superarse debe ser algo que nazca de dentro, nunca debe ser algo impuesto por una persona externa, pues así tu autoestima peligra y te conviertes en la diana perfecta de múltiples abusos.
Por eso es tan importante conocerse, aceptarse y quererse de verdad porque una persona con tal solidez rara vez será víctima del otro (ni de si mismo).

Te dejo este enlace para reflexionar. El artículo termina así: "Así el nombre Gabriela Andersen se convirtió en sinónimo de determinación y perseverancia." 


¿Tú qué opinas? ¿perseverancia u obsesión? ¿autoagresión? ¿límites saludables rebasados? ¿Hay que aplaudir estas conductas aún cuando la salud está en juego? ¿Esta actitud refleja una autoestima saludable? ¿Es deseable cumplir un sueño a toda costa? ¿queda tiempo para vivir si solo compites?"


Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

29 agosto 2019

Ikebana. Un espacio de libertad

Autor: Elisabet Blasco
Ikebana.
Un espacio de libertad
Sin normas. 
Aflorando la creatividad.
Un rincón de belleza y armonía.
Deleite. Plenitud. 
Equilibrio. 
Paz.

Ikebana: 
"La vida y la muerte"

Las pequeñas cosas... Mis pequeñas cosas...
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27 agosto 2019

En un rincón de mi cocina...

Autor de la imagen: Elisabet Blasco
Bajar al huerto. 
Coger un manojillo de perejil. 
Cerrar los ojos. 
Inhalar despacio. 
Apreciar el aroma de los tallos, recién cortados. 
Abrir los ojos. 
Maravillarme con el brillo de sus hojas. Con su tacto. 
Tan tiernas, aromáticas, frescas... 
Sentirme parte. 
Descubrir la flor de ajo, erguida a varios palmos de la tierra. 
Fuerte. Sólida. 
Formar un ramillete. 
Adornar un rincón de la cocina con él. 
Dar valor a los pequeños detalles. 
Disfrutar de la sencillez. Amar lo cotidiano. 
Valorar la vida diaria. El día a día.
Redescubrir en lo ordinario, lo extraordinario. 
Regalos de la naturaleza. 
Lecciones de la naturaleza. 

Las pequeñas cosas... Mis pequeñas cosas...

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17 agosto 2019

Cuando apenas nada te queda...

Estos días he podido comprender más profundamente, si cabe, cómo las pequeñas cosas pueden llegar a convertirse en algo enorme. He podido comprobar como, para alguien, pueden llegar a ser todo, lo más esperado. Y es cierto, lo que para uno es una nimiedad, algo insignificante, algo sin importancia, para otro es su vida entera. 

No, hoy no voy a hablar de mis pequeñas cosas sino de las suyas... las de ella, las de ellos...

Días atrás he frecuentado un hospital. Iba a visitar a mi padre. En una de esas visitas, entablé conversación con uno de sus compañeros de habitación, un señor de 86 años que, aunque enfermo, tenía una vitalidad envidiable. Y una actitud ante la vida digna de admirar. Su hija, que imagino tiene una edad similar a la mía, tiene ataxia. Este trastorno afecta a la capacidad de coordinación del movimiento y, en su caso, es causado por un deterioro progresivo del cerebelo. Su enfermedad empezó a los 8 años. Ahora lleva 5 viviendo en un centro especializado, pues sus padres son muy mayores y no pueden hacerse cargo de ella. El caso es que su estado empeora con el paso del tiempo. Ahora va en silla de ruedas, necesita ayuda para todas las actividades diarias. Para  moverse, para la higiene, para comer, etc. Y empieza a tener problemas de deglución y de visión... Ella es consciente de su deterioro. 

El mayor deseo de este señor era que le dieran el alta para poder llevar a su hija cerca del mar. - Le encanta, me decía. Se pone muy contenta cuando vamos a verla y salimos a comer juntos. Supongo que ese momento representa para ella una de sus pequeñas cosas, el polo positivo de la balanza. Las pequeñas cosas... esas que, a veces, pesan tanto que su nombre pierde el sentido pues dejan de ser pequeñas para transformarse en algo grande, enorme... 

No pude quitarme de la cabeza a esta mujer en unas horas. Es joven. Es dependiente total y sabe con certeza que cuando sus padres ya no estén se quedará "sola". Aún así sabe sacar fuerzas, milagrosamente, para disfrutar de sus pequeñas cosas, que seguro para ella lo son todo... Su familia, el mar, los sabores, las texturas... 

No pude evitar recordar con nostalgia a "mis niños". Unas personas también residentes de un centro especial. Personas con parálisis cerebral, también en silla de ruedas, también dependientes. Personas con trastornos mentales severos y de conducta... que disfrutaban con la visita de su gente, con las salidas a la piscina, al cine, a la playa... "Mis niños", Flora, Juan Carlos, Marta, Carmen, Tomás... Siempre los recuerdo (del latín re-cordis: volver a pasar por el corazón) y es que los quise mucho. Cuando regresan a mi mente siento que, en  la mayoría de ocasiones, muchos de nuestros problemas no lo son en absoluto. Durante los ocho años que cuidé de ellos me enseñaron tantas cosas que podría afirmar que, en muchos aspectos, fueron mis maestros. Justo fui a parar allí después del gran "crak" de mi vida, y ellos me ayudaron tanto... mucho más que yo a ellos. Es la pura verdad. En estos años no he sido capaz de volver a verlos. La tristeza de verlos allí me mata y se que algunos ya no están...
Es una pena, pues con el tiempo las lecciones se olvidan. Pero ella, la hija de este señor, me las ha recordado. Solo puedo agradecer a ese hombre que me haya ayudado a recordar... Recordar lo mucho que tengo que agradecer a diario: puedo desplazarme de un lugar a otro, sola. Puedo hacer mi propia comida y degustarla sin problemas, puedo caminar, correr, nadar, bailar, abrazar, puedo respirar... Y siento un profundo agradecimiento por ello, lo había olvidado... 

No, muchos de nuestros problemas no lo son en absoluto o, al menos, no son tan grandes como creemos. 

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16 agosto 2019

La ansiedad y yo

¿Has sentido ansiedad alguna vez? Si tienes la suerte de no haberla experimentado, por mucho que leas al respecto nunca la conocerás realmente ni podrás entender lo que se siente ( y espero de corazón que nunca lo averigües). En cambio, si la has experimentado en carne propia sabrás de lo que hablo. Cuando una persona convive con esta situación, su vida se convierte en algo así como una actividad maratoniana de constante superación. La primera reacción que uno tiene al sentir los síntomas es un deseo intenso de querer escapar del propio cuerpo, de desaparecer, y poder así deshacerse de ellos, pero esto es imposible.

Aun recuerdo la angustia que sentí, hace ya unos años, en la feria del libro de Madrid. Fue la segunda vez que acudía al evento, y se me ocurrió la "genial" idea de ir en fin de semana... Todavía puedo sentir la sensación de asfixia... No cabía un alfiler en los jardines del retiro, me costaba avanzar por la aglomeración de gente y sentía bastante calor, entonces empecé a notar un agobio más que importante... De repente empecé a notar temblor y sudor de manos, palpitaciones y unas ganas irrefrenables de llorar por la impotencia que sentía. Y ahí estaba yo... lejos de casa, en una ciudad que no era la mía, sola, y con un ataque de pánico en plena feria del libro. Siempre he sido dada a enfrentarme a mis miedos pero creo que esta vez me pasé de valiente (o de insensata). El malestar era tan grande que me impedía pensar con claridad, sentía una especie de aturdimiento difuso. Para que te hagas una idea, la sensación es como si tu cerebro se bloqueara por momentos, se queda en una especie de stand-by. En cierto modo, mis deseos se cumplieron ya que, de alguna manera, desaparecí. Aquello en lo que me estaba convirtiendo por momentos no era yo, no era ni siquiera mi sombra. Cuando ocurre esto actúas por inercia y haces lo que buenamente puedes. Lo que mi mente me permitió hacer en aquel momento fue: ponerme rápidamente las gafas de sol para ocultarme tras ellas, pues la vergüenza es un efecto secundario en estos casos... Después busqué un rincón un poco apartado para intentar calmar mi respiración. Y finalmente llamé a una persona querida. Y hablando mientras paseaba por un lugar más despejado de gente, poco a poco volví a mí. 

¿Te he ha pasado algo similar? ¿Qué haces cuándo esta sensación te atrapa? ¿Qué te funciona? A todo el mundo no le funciona lo mismo. Hay quien necesita acción, sacar adrenalina. Otros necesitan parar, respirar con calma. A otros les ayuda dar un paseo, o escuchar música mientras toman una infusión relajante, etc. Creo que hay que tener en cuenta el grado de malestar percibido, ya que alguien con una percepción de malestar alta vivirá esta experiencia desde un lugar muy distinto al de otra persona que lo viva con una intensidad menor. Resumiendo mucho, las estrategias para sobrellevar estas situaciones se podrían dividir en dos grupos: aquellas que dirigen la atención hacia dentro y las que lo hacen hacia afuera. 

Puede ocurrir que en el momento crítico no dispongamos de tiempo para pasear o para tomar una infusión. Entonces ¿Qué podemos hacer? Ante una situación así, lo primero que tenemos a mano, lo más inmediato, ¿Qué es? Nuestro cuerpo, nuestra respiración. En estos casos hay quien recomienda inspirar y exhalar en x tiempos (en cuatro, por ejemplo), pero en casos de mucha ansiedad en los que la respiración se dispara hasta alcanzar niveles extremos pretender controlarla de manera tan radical generalmente aumenta el malestar. Creo que es más adecuado intentar inspirar profundamente (hasta el nivel que cada cual pueda), hacer una pequeña retención y exhalar lo más lentamente posible, pero sin forzar demasiado. Si la retención nos causa angustia es mejor no hacerla. Esta sería una estrategia que dirige la atención hacia dentro, hacia la propia experiencia de la respiración. Veamos ahora las del segundo grupo.

Otra estrategia que nos puede ayudar es distraer nuestra atención o reconducirla hacia un estímulo neutro o positivo. Como he dicho cada cual ha de indagar y descubrir qué le funciona. Hay que tener en cuenta que el sistema nervioso autónomo está muy activo (sudoración, temblor, taquicardia, etc.) por eso una alternativa para aquellos a quienes no les funcione atender la respiración, sería "mirar hacia afuera", salir de la propia experiencia interna y centrarse en una actividad externa. Podría decirse que la distracción puntual es adaptativa en algunos casos. Después, una vez pasados los síntomas más intensos, y si la persona no lo vive con demasiada angustia, será posible atender la experiencia interna para mirar hacia dentro.
Hay distintas formas de redirección de la atención hacia un estímulo neutro o positivo: llevando todos nuestros sentidos hacia fuera, al entorno, por ejemplo podemos observar minuciosamente una hoja, el paisaje, sentir una textura concreta, escuchar algún sonido, etc. También se puede hacer ejercicios mentales: contar de 100 hacia atrás, cantar, sumar números, etc.
Practicar ejercicio es beneficioso, ya sea correr, nadar... también hacer alguna práctica de atención plena como modelado de arcilla, meditación, yoga, etc. No obstante, si se dan reiteradas situaciones de este tipo lo adecuado es acudir a un profesional que nos pueda ayudar. 

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

27 julio 2019

Mi pequeña botica

Autor de la imagen: Elisabet Blasco
Los mejores placeres suelen ser los más sencillos... 

Me detengo en el camino para contemplar la silueta de la montaña, 
la que se alza orgullosa en su intento de acariciar las nubes, pues ya roza el cielo. 
Observo el verdor de arbustos y árboles. 
Me abandono en el tacto leñoso del tomillo, 
en el aroma del romero y la melisa... 
Estoy aquí, en este momento, estoy en casa. 

Busco los preciados tesoros naturales de mi entorno. 
Guardo la esencia de la montaña en pequeños botes de vidrio. 
Remedios naturales para el día a día. 
Un sencillo regalo repleto de amor para mis seres queridos. 

Ojalá estas hierbas curen todos sus males…  

Las pequeñas cosas... Mis pequeñas cosas...

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

17 julio 2019

Pequeños y lindos roedores

Autor de la magen: Elisabet Blasco

Once upon a time…

Hace ya algún tiempo que ocurrió... Y no fue la única vez, que fueron tres.
Tres ratoncitos heridos (dos de ellos por mis mininos salvajes).

El primero: hallado en la montaña. Lo encontré aturdido en un charco. 
Rescate (metido en la funda de la cámara de fotos), curas, avellanas y muchos mimos. ¡Salvado y liberado!

El segundo (el de la foto): encontrado en casa, bajo las rocas, cerca del ciruelo. 
Rescate, curas, avellanas y muchos mimos. ¡Salvado y liberado!

El tercero: encontrado en casa, en el exterior. Inmóvil, aterrado. Mi gato delante de él... Rescate, curas y muchos mimos...

Las pequeñas cosas... Mis pequeñas cosas...

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13 julio 2019

Gurús, expectativas, limitaciones, decepciones y aprendizaje

¿Te has adentrado alguna vez en algún entorno espiritual? ¿Has tenido un gurú? Actualmente todos entendemos que un gurú es un maestro espiritual. Como curiosidad decir que, aunque su etimología señala que "gu" significa, oscuridad y "ru", destruir - por tanto "gurú" se podría traducir como: aquel que destruye la oscuridad - indagando, he encontrado la historia de la palabra. Originalmente significaba "pesado", fue siglos después que derivó en maestro. 

Si has tenido contacto con entornos espirituales sabrás que en la mayoría, si no en todos,  se habla de oscuridad, de luz, de ignorancia, de sabiduría y un largo etcétera. Toda una serie de palabras que damos por hecho todos conocemos pero que normalmente cada cual las entiende según su idiosincrasia. Centrándonos en la primera, ¿Qué entiendes por oscuridad? ¿ausencia de luz? Entonces ¿Qué es luz? Para simplificar mucho: para los creyentes, la luz puede estar representada por su Dios, que a su vez será símbolo de determinados valores. Para los ateos podría representar, en esencia, exactamente los mismos valores, o no. La luz, entonces, podría representar el polo positivo, ya sea alegría, confianza, compasión, esperanza, generosidad, amabilidad, etc. Aunque si tienes otra opinión me encantará conocerla.

Desde esta óptica, y aceptando la premisa que vivimos en un mundo dual. ¿Realmente es beneficioso disipar "la oscuridad"? ¿Podríamos disfrutar de la calma sin una tormenta previa? ¿podríamos apreciar un amanecer si no conociéramos la noche? ¿Podríamos obviar absolutamente todo el polo "negativo"? ¿realmente es beneficioso vivir de manera estática, siempre "luminosos",  obviando nuestros ciclos naturales? Es más ¿queremos hacerlo o es una necesidad creada como otras tantas? ¿No nos estaremos complicando demasiado la vida? Si uno empieza a creer a pies juntillas que ha de cumplir con determinadas máximas para "purificarse" (porque "es sucio") o para encontrar la verdad (porque vive en una mentira) o para disipar la oscuridad, etc. ¿no se está creando una serie de obligaciones innecesarias? Quien sabe si le van a beneficiar o a complicar aún más la vida. De entrada si uno se siente impuro, ignorante, oscuro.. ¿no generará esto demasiado malestar?

Mi experiencia con estos entornos que representaron en su día ese papel de "disipadores de la oscuridad" no me dejó indiferente. Quizá lo que algunos perciben como un néctar, otros ven claramente que a la larga esa miel se tornará amarga. Un gurú, generalmente, es una persona que se posiciona por encima del resto, que se permite opinar, juzgar (aunque predique lo contrario), en el mejor de los casos... ¿Es beneficioso darle ese poder a alguien que apenas conoces? Una persona con una autoestima débil, con carencias afectivas o que esté pasando por un momento crítico es muy vulnerable, y puede sufrir situaciones nada agradables en estos entornos. Se de lo que hablo. Y esta es la razón por la que muchos de mis artículos son críticos con estos temas, porque me gustaría poder ahorrarle un sufrimiento innecesario a alguien susceptible de vivir "el lado oscuro de la espiritualidad", que también lo tiene. 

Hay diferentes tipos de personalidades. Quizá a alguien le beneficie tener un guía temporal, porque solo no puede o cree no poder seguir con su vida. A otra persona quizá la figura del gurú le traiga más perjuicio que beneficio. Las expectativas de cada cual son una variable importante en todo caso. Hay que señalar que el gurú no es infalible, también tiene sus propias limitaciones y algunos las obvian por completo. No obstante, mi opinión es que ha de llegar el día en que la persona se sienta con la madurez suficiente que le permita verse capaz de vivir por si misma, con sus errores y aciertos, pero los suyos propios. Al final uno debe aprender a soltar, pero de verdad, y dejar de repetir frases hechas. Sobre todo, es imprescindible aprender a sacar unos aprendizajes y conclusiones propios, sin imitaciones, sin copiar a otros que admiras, ni repetir frases hechas sin una reflexión previa porque al final, lo que cuenta es tu aprendizaje real, no las apariencias. Si no haces este proceso serás fácil de enredar pues no habrás adquirido un criterio propio. 

El próximo post será un mini post, que estos día me vengo arriba ;) Compartiré otra de mis pequeñas cosas. Te va a encantar o te va a dar, como a mi madre, mucha grima...

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12 julio 2019

Los ciclos naturales. Somos naturaleza

Tiempo atrás pensaba que lo "correcto", lo "normal", lo "aceptable", era estar siempre más o menos igual anímicamente, en equilibrio, sin demasiados cambios. Admiraba a la gente que parecía no tener altibajos emocionales o energéticos. Siendo testigo de esa aparente estabilidad, parecía tan fácil... Esta gente se me antojaba como una línea recta, un bálsamo, como algo "seguro" y estable. Obviamente mi percepción no era del todo exacta pues dudo que nadie pueda mantenerse eternamente en un estado estático de estabilidad. Todos fluctuamos, aunque quizá con distinta intensidad y/o frecuencia. Yo también. Lo mío nunca fueron las líneas rectas. No soy estática. Yo soy movimiento. 

Desde que vivo en plena naturaleza soy mucho más consciente de ello, de mis ciclos. He aprendido a respetarlos, a aceptarlos, incluso me agrada sentir que "me muevo" que fluctúo. En la época fría me apetece más ir hacia adentro, estoy más introspectiva, en casa, cerquita de la chimenea... A medida que se van acercando los días más cálidos voy abriéndome, salgo más al exterior, bajo a regar el huerto, cuido más de las plantas, siento como mi energía aumenta, hasta mi piel mejora, el rostro resplandece... 

Frente a esta naturaleza cíclica, desde que nacemos nos vemos sumergidos en rutinas, en disciplinas férreas. Horarios fijos, rígidos, o bastante estables, actividades semanales, etc. Hemos integrado el hecho de no prestarnos mucha atención, ni a nuestras emociones, ni a nuestro estado físico ni mental. Nieve o haga un sol asfixiante el lunes hay que... (póngase lo que corresponda), no importa demasiado cómo se encuentre uno. No hay demasiado tiempo para sentirnos. A la mayoría de nosotros, desde niños, nos han educado en disciplina. Nos han enseñado a dividir nuestro tiempo en compartimentos. A distribuirlo en intervalos de distintas actividades. ¿Te acuerdas? Levantarnos temprano, asearnos, desayunar y salir corriendo hacia la escuela sin pensar, para sentarnos en una silla durante ¿cuánto? ¿tres horas seguidas? Descanso de media hora, y vuelta a la silla a escuchar en silencio dos o tres horas más. Sin olvidar pedir permiso para hablar, para todo. Vuelta a casa, comer en tiempo récord (muchas veces sin hambre y a la fuerza) para volver al cole un par de horas más... Parecía que de cabeza para abajo no existíamos. Éramos mentes absorbentes. ¿Nos ha servido de algo memorizar tantísimos datos? ¿somos capaces a día de hoy de cuestionar las cosas? Pero bueno, que me voy del tema... Creo que a golpe de disciplina, un año tras otro, y tras otro, y otro más... Hemos integrado de manera inconsciente la creencia de que: hemos de estar siempre igual, lineales, con la energía estable, a tope, para ser productivos y eso a la larga nos otorgará mayor bienestar. Nos hemos creído la premisa de que a mayor número de actividades, mayor felicidad, y cuanto  más rápido lo hagamos todo, mejor. Prima la cantidad en vez de la calidad. Lo mismo pasa con las relaciones... parece que es mejor tener muchos amigos, cuando lo que aporta bienestar es la calidad de las mismas. 

Por otro lado, frente a nuestro empeño en mantenernos estables, la naturaleza es cíclica, variable, lenta, armoniosa... y no podemos obviar el hecho de que nosotros somos naturaleza. Nada es igual de un día para otro, y aunque lo parezca no hay quietud, todo es dinámico, se mueve, cambia poco a poco... Solo hay que pasear por un bosque en las distintas estaciones para advertirlo. Fíjate en un árbol de hoja caduca. Pasa de la desnudez de sus ramas a tener tímidos brotes, hasta que florece en toda su plenitud para terminar perdiendo de nuevo las hojas. Permite que las estaciones pasen por él. Imagina pedirle a este árbol que florezca en invierno. Imposible, ¿verdad? Pues es más o menos lo que se nos demanda a diario. No hay tiempo para sentir nuestras "estaciones", nuestros ciclos. El árbol, en cambio, se recoge en otoño e invierno y se da en verano y primavera. Nosotros debemos darnos siempre, no importa como estemos. 

Miles de años atrás, otras civilizaciones eran mucho más conscientes de esto. Estaban en contacto con la naturaleza. Había pueblos que, a diferencia de nosotros, dividían el calendario en dos partes: la etapa cálida, que era considerada la época de luz. Y la fría, la oscuridad. No lo vivían como un problema, al contrario, lo entendían y aceptaban. Integraban los ciclos en su día a día, en su vida. Y les daban la bienvenida con un festejo lleno de magia y simbolismo. 
Con la llegada del otoño el día y la noche duran lo mismo, por eso, en la antigüedad, esta época representaba el equilibrio entre la luz y la oscuridad. Puede que el otoño venga a decirnos que a pesar de que todo es cíclico y cambiante, a pesar de la danza entre la luz y las sombras... también existen  momentos de estabilidad y equilibrio, de serena quietud. Puede que el otoño venga a decirnos que una vida equilibrada se asienta sobre el baile armonioso entre desequilibrios sucesivos. Pues, sin movimiento el equilibrio no tiene razón de ser.

Todo llega. Todo se mueve, cambia. Todo se para, en calma. Y al final, todo se marcha... 

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11 julio 2019

Sin conexión. Un regalo inesperado

El avellano. Autor de la imagen: Elisabet Blasco

Hace unos días estuve sin señal. Sin posibilidad de conectarme. Un regalo... 

Ejercicio, sí, pero natural. Oxigenando la tierra a golpe de rastrillo. Limpiando parterres. Después, un baño. Luego, lectura a la sombra del avellano, que por cierto ya está repletito de avellanas. 

Disfrute. Gozo. Paz. 

La guinda: reencuentro con el erizo que habita en la hojarasca. 

Fusión con el entorno. Las pequeñas cosas... Mis pequeñas cosas...
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10 julio 2019

La inspiración dormida, despierta


Qué maravillosa sensación cuando esto ocurre...

Cuando a partir de una experiencia tan simple como esta, la de topar con el bebé erizo de hace unos días... la pluma toma vida propia y en un pispás se escribe sola una historia para nenes, del tirón. Título: Pincho. El erizo bola.

Algún día, ésta y otras historias que tengo en el cajón serán contadas. Tomarán la forma que tengan que tomar… Serán de aire y palabra o de papel y color. Tomarán forma de gestos y signos o de movimiento y representación...

O quizá se queden para siempre en un rincón del cajón...

Las pequeñas cosas... Mis pequeñas cosas...
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07 julio 2019

El erizo que habita en la hojarasca

Autor de la imagen: Elisabet Blasco

Bajar al huerto. 

Escuchar algo que se mueve entre la hojarasca.

Acercarme y encontrar esta preciosidad. 

Bebé de erizo hecho bola. A punto de salir de su "refugio". 

Las pequeñas cosas... Mis pequeñas cosas...

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