17 agosto 2019

Cuando apenas nada te queda...

Estos días he podido comprender más profundamente, si cabe, cómo las pequeñas cosas pueden llegar a convertirse en algo enorme. He podido comprobar como, para alguien, pueden llegar a ser todo, lo más esperado. Y es cierto, lo que para uno es una nimiedad, algo insignificante, algo sin importancia, para otro es su vida entera. 

No, hoy no voy a hablar de mis pequeñas cosas sino de las suyas... las de ella, las de ellos...

Días atrás he frecuentado un hospital. Iba a visitar a mi padre. En una de esas visitas, entablé conversación con uno de sus compañeros de habitación, un señor de 86 años que, aunque enfermo, tenía una vitalidad envidiable. Y una actitud ante la vida digna de admirar. Su hija, que imagino tiene una edad similar a la mía, tiene ataxia. Este trastorno afecta a la capacidad de coordinación del movimiento y, en su caso, es causado por un deterioro progresivo del cerebelo. Su enfermedad empezó a los 8 años. Ahora lleva 5 viviendo en un centro especializado, pues sus padres son muy mayores y no pueden hacerse cargo de ella. El caso es que su estado empeora con el paso del tiempo. Ahora va en silla de ruedas, necesita ayuda para todas las actividades diarias. Para  moverse, para la higiene, para comer, etc. Y empieza a tener problemas de deglución y de visión... Ella es consciente de su deterioro. 

El mayor deseo de este señor era que le dieran el alta para poder llevar a su hija cerca del mar. - Le encanta, me decía. Se pone muy contenta cuando vamos a verla y salimos a comer juntos. Supongo que ese momento representa para ella una de sus pequeñas cosas, el polo positivo de la balanza. Las pequeñas cosas... esas que, a veces, pesan tanto que su nombre pierde el sentido pues dejan de ser pequeñas para transformarse en algo grande, enorme... 

No pude quitarme de la cabeza a esta mujer en unas horas. Es joven. Es dependiente total y sabe con certeza que cuando sus padres ya no estén se quedará "sola". Aún así sabe sacar fuerzas, milagrosamente, para disfrutar de sus pequeñas cosas, que seguro para ella lo son todo... Su familia, el mar, los sabores, las texturas... 

No pude evitar recordar con nostalgia a "mis niños". Unas personas también residentes de un centro especial. Personas con parálisis cerebral, también en silla de ruedas, también dependientes. Personas con trastornos mentales severos y de conducta... que disfrutaban con la visita de su gente, con las salidas a la piscina, al cine, a la playa... "Mis niños", Flora, Juan Carlos, Marta, Carmen, Tomás... Siempre los recuerdo (del latín re-cordis: volver a pasar por el corazón) y es que los quise mucho. Cuando regresan a mi mente siento que, en  la mayoría de ocasiones, muchos de nuestros problemas no lo son en absoluto. Durante los ocho años que cuidé de ellos me enseñaron tantas cosas que podría afirmar que, en muchos aspectos, fueron mis maestros. Justo fui a parar allí después del gran "crak" de mi vida, y ellos me ayudaron tanto... mucho más que yo a ellos. Es la pura verdad. En estos años no he sido capaz de volver a verlos. La tristeza de verlos allí me mata y se que algunos ya no están...
Es una pena, pues con el tiempo las lecciones se olvidan. Pero ella, la hija de este señor, me las ha recordado. Solo puedo agradecer a ese hombre que me haya ayudado a recordar... Recordar lo mucho que tengo que agradecer a diario: puedo desplazarme de un lugar a otro, sola. Puedo hacer mi propia comida y degustarla sin problemas, puedo caminar, correr, nadar, bailar, abrazar, puedo respirar... Y siento un profundo agradecimiento por ello, lo había olvidado... 

No, muchos de nuestros problemas no lo son en absoluto o, al menos, no son tan grandes como creemos. 

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

16 agosto 2019

La ansiedad y yo

¿Has sentido ansiedad alguna vez? Si tienes la suerte de no haberla experimentado, por mucho que leas al respecto nunca la conocerás realmente ni podrás entender lo que se siente ( y espero de corazón que nunca lo averigües). En cambio, si la has experimentado en carne propia sabrás de lo que hablo. Cuando una persona convive con esta situación, su vida se convierte en algo así como una actividad maratoniana de constante superación. La primera reacción que uno tiene al sentir los síntomas es un deseo intenso de querer escapar del propio cuerpo, de desaparecer, y poder así deshacerse de ellos, pero esto es imposible.

Aun recuerdo la angustia que sentí, hace ya unos años, en la feria del libro de Madrid. Fue la segunda vez que acudía al evento, y se me ocurrió la "genial" idea de ir en fin de semana... Todavía puedo sentir la sensación de asfixia... No cabía un alfiler en los jardines del retiro, me costaba avanzar por la aglomeración de gente y sentía bastante calor, entonces empecé a notar un agobio más que importante... De repente empecé a notar temblor y sudor de manos, palpitaciones y unas ganas irrefrenables de llorar por la impotencia que sentía. Y ahí estaba yo... lejos de casa, en una ciudad que no era la mía, sola, y con un ataque de pánico en plena feria del libro. Siempre he sido dada a enfrentarme a mis miedos pero creo que esta vez me pasé de valiente (o de insensata). El malestar era tan grande que me impedía pensar con claridad, sentía una especie de aturdimiento difuso. Para que te hagas una idea, la sensación es como si tu cerebro se bloqueara por momentos, se queda en una especie de stand-bye. En cierto modo, mis deseos se cumplieron ya que, de alguna manera, desaparecí. Aquello en lo que me estaba convirtiendo por momentos no era yo, no era ni siquiera mi sombra. Cuando ocurre esto actúas por inercia y haces lo que buenamente puedes. Lo que mi mente me permitió hacer en aquel momento fue: ponerme rápidamente las gafas de sol para ocultarme tras ellas, pues la vergüenza es un efecto secundario en estos casos... Después busqué un rincón un poco apartado para intentar calmar mi respiración. Y finalmente llamé a una persona querida. Y hablando mientras paseaba por un lugar más despejado de gente, poco a poco volví a mí. 

¿Te he ha pasado algo similar? ¿Qué haces cuándo esta sensación te atrapa? ¿Qué te funciona? A todo el mundo no le funciona lo mismo. Hay quien necesita acción, sacar adrenalina. Otros necesitan parar, respirar con calma. A otros les ayuda dar un paseo, o escuchar música mientras toman una infusión relajante, etc. Creo que hay que tener en cuenta el grado de malestar percibido, ya que alguien con una percepción de malestar alta vivirá esta experiencia desde un lugar muy distinto al de otra persona que lo viva con una intensidad menor. Resumiendo mucho, las estrategias para sobrellevar estas situaciones se podrían dividir en dos grupos: aquellas que dirigen la atención hacia dentro y las que lo hacen hacia afuera. 

Puede ocurrir que en el momento crítico no dispongamos de tiempo para pasear o para tomar una infusión. Entonces ¿Qué podemos hacer? Ante una situación así, lo primero que tenemos a mano, lo más inmediato, ¿Qué es? Nuestro cuerpo, nuestra respiración. En estos casos hay quien recomienda inspirar y exhalar en x tiempos (en cuatro, por ejemplo), pero en casos de mucha ansiedad en los que la respiración se dispara hasta alcanzar niveles extremos pretender controlarla de manera tan radical generalmente aumenta el malestar. Creo que es más adecuado intentar inspirar profundamente (hasta el nivel que cada cual pueda), hacer una pequeña retención y exhalar lo más lentamente posible, pero sin forzar demasiado. Si la retención nos causa angustia es mejor no hacerla. Esta sería una estrategia que dirige la atención hacia dentro, hacia la propia experiencia de la respiración. Veamos ahora las del segundo grupo.

Otra estrategia que nos puede ayudar es distraer nuestra atención o reconducirla hacia un estímulo neutro o positivo. Como he dicho cada cual ha de indagar y descubrir qué le funciona. Hay que tener en cuenta que el sistema nervioso autónomo está muy activo (sudoración, temblor, taquicardia, etc.) por eso una alternativa para aquellos a quienes no les funcione atender la respiración, sería "mirar hacia afuera", salir de la propia experiencia interna y centrarse en una actividad externa. Podría decirse que la distracción puntual es adaptativa en algunos casos. Después, una vez pasados los síntomas más intensos, y si la persona no lo vive con demasiada angustia, será posible atender la experiencia interna para mirar hacia dentro.
Hay distintas formas de redirección de la atención hacia un estímulo neutro o positivo: llevando todos nuestros sentidos hacia fuera, al entorno, por ejemplo podemos observar minuciosamente una hoja, el paisaje, sentir una textura concreta, escuchar algún sonido, etc. También se puede hacer ejercicios mentales: contar de 100 hacia atrás, cantar, sumar números, etc.
Practicar ejercicio es beneficioso, ya sea correr, nadar... también hacer alguna práctica de atención plena como modelado de arcilla, meditación, yoga, etc. No obstante, si se dan reiteradas situaciones de este tipo lo adecuado es acudir a un profesional que nos pueda ayudar. 

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

27 julio 2019

Mi pequeña botica

Autor de la imagen: Elisabet Blasco
Los mejores placeres suelen ser los más sencillos... 

Me detengo en el camino para contemplar la silueta de la montaña, 
la que se alza orgullosa en su intento de acariciar las nubes, pues ya roza el cielo. 
Observo el verdor de arbustos y árboles. 
Me abandono en el tacto leñoso del tomillo, 
en el aroma del romero y la melisa... 
Estoy aquí, en este momento, estoy en casa. 

Busco los preciados tesoros naturales de mi entorno. 
Guardo la esencia de la montaña en pequeños botes de vidrio. 
Remedios naturales para el día a día. 
Un sencillo regalo repleto de amor para mis seres queridos. 

Ojalá estas hierbas curen todos sus males…  

Las pequeñas cosas... Mis pequeñas cosas...

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

17 julio 2019

Pequeños y lindos roedores

Autor de la magen: Elisabet Blasco

Once upon a time…

Hace ya algún tiempo que ocurrió... Y no fue la única vez, que fueron tres.
Tres ratoncitos heridos (dos de ellos por mis mininos salvajes).

El primero: hallado en la montaña. Lo encontré aturdido en un charco. 
Rescate (metido en la funda de la cámara de fotos), curas, avellanas y muchos mimos. ¡Salvado y liberado!

El segundo (el de la foto): encontrado en casa, bajo las rocas, cerca del ciruelo. 
Rescate, curas, avellanas y muchos mimos. ¡Salvado y liberado!

El tercero: encontrado en casa, en el exterior. Inmóvil, aterrado. Mi gato delante de él... Rescate, curas y muchos mimos...

Las pequeñas cosas... Mis pequeñas cosas...

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

13 julio 2019

Gurús, expectativas, limitaciones, decepciones y aprendizaje

¿Te has adentrado alguna vez en algún entorno espiritual? ¿Has tenido un gurú? Actualmente todos entendemos que un gurú es un maestro espiritual. Como curiosidad decir que, aunque su etimología señala que "gu" significa, oscuridad y "ru", destruir - por tanto "gurú" se podría traducir como: aquel que destruye la oscuridad - indagando, he encontrado la historia de la palabra. Originalmente significaba "pesado", fue siglos después que derivó en maestro. 

Si has tenido contacto con entornos espirituales sabrás que en la mayoría, si no en todos,  se habla de oscuridad, de luz, de ignorancia, de sabiduría y un largo etcétera. Toda una serie de palabras que damos por hecho todos conocemos pero que normalmente cada cual las entiende según su idiosincrasia. Centrándonos en la primera, ¿Qué entiendes por oscuridad? ¿ausencia de luz? Entonces ¿Qué es luz? Para simplificar mucho: para los creyentes, la luz puede estar representada por su Dios, que a su vez será símbolo de determinados valores. Para los ateos podría representar, en esencia, exactamente los mismos valores, o no. La luz, entonces, podría representar el polo positivo, ya sea alegría, confianza, compasión, esperanza, generosidad, amabilidad, etc. Aunque si tienes otra opinión me encantará conocerla.

Desde esta óptica, y aceptando la premisa que vivimos en un mundo dual. ¿Realmente es beneficioso disipar "la oscuridad"? ¿Podríamos disfrutar de la calma sin una tormenta previa? ¿podríamos apreciar un amanecer si no conociéramos la noche? ¿Podríamos obviar absolutamente todo el polo "negativo"? ¿realmente es beneficioso vivir de manera estática, siempre "luminosos",  obviando nuestros ciclos naturales? Es más ¿queremos hacerlo o es una necesidad creada como otras tantas? ¿No nos estaremos complicando demasiado la vida? Si uno empieza a creer a pies juntillas que ha de cumplir con determinadas máximas para "purificarse" (porque "es sucio") o para encontrar la verdad (porque vive en una mentira) o para disipar la oscuridad, etc. ¿no se está creando una serie de obligaciones innecesarias? Quien sabe si le van a beneficiar o a complicar aún más la vida. De entrada si uno se siente impuro, ignorante, oscuro.. ¿no generará esto demasiado malestar?

Mi experiencia con estos entornos que representaron en su día ese papel de "disipadores de la oscuridad" no me dejó indiferente. Quizá lo que algunos perciben como un néctar, otros ven claramente que a la larga esa miel se tornará amarga. Un gurú, generalmente, es una persona que se posiciona por encima del resto, que se permite opinar, juzgar (aunque predique lo contrario), en el mejor de los casos... ¿Es beneficioso darle ese poder a alguien que apenas conoces? Una persona con una autoestima débil, con carencias afectivas o que esté pasando por un momento crítico es muy vulnerable, y puede sufrir situaciones nada agradables en estos entornos. Se de lo que hablo. Y esta es la razón por la que muchos de mis artículos son críticos con estos temas, porque me gustaría poder ahorrarle un sufrimiento innecesario a alguien susceptible de vivir "el lado oscuro de la espiritualidad", que también lo tiene. 

Hay diferentes tipos de personalidades. Quizá a alguien le beneficie tener un guía temporal, porque solo no puede o cree no poder seguir con su vida. A otra persona quizá la figura del gurú le traiga más perjuicio que beneficio. Las expectativas de cada cual son una variable importante en todo caso. Hay que señalar que el gurú no es infalible, también tiene sus propias limitaciones y algunos las obvian por completo. No obstante, mi opinión es que ha de llegar el día en que la persona se sienta con la madurez suficiente que le permita verse capaz de vivir por si misma, con sus errores y aciertos, pero los suyos propios. Al final uno debe aprender a soltar, pero de verdad, y dejar de repetir frases hechas. Sobre todo, es imprescindible aprender a sacar unos aprendizajes y conclusiones propios, sin imitaciones, sin copiar a otros que admiras, ni repetir frases hechas sin una reflexión previa porque al final, lo que cuenta es tu aprendizaje real, no las apariencias. Si no haces este proceso serás fácil de enredar pues no habrás adquirido un criterio propio. 

El próximo post será un mini post, que estos día me vengo arriba ;) Compartiré otra de mis pequeñas cosas. Te va a encantar o te va a dar, como a mi madre, mucha grima...

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

12 julio 2019

Los ciclos naturales. Somos naturaleza

Tiempo atrás pensaba que lo "correcto", lo "normal", lo "aceptable", era estar siempre más o menos igual anímicamente, en equilibrio, sin demasiados cambios. Admiraba a la gente que parecía no tener altibajos emocionales o energéticos. Siendo testigo de esa aparente estabilidad, parecía tan fácil... Esta gente se me antojaba como una línea recta, un bálsamo, como algo "seguro" y estable. Obviamente mi percepción no era del todo exacta pues dudo que nadie pueda mantenerse eternamente en un estado estático de estabilidad. Todos fluctuamos, aunque quizá con distinta intensidad y/o frecuencia. Yo también. Lo mío nunca fueron las líneas rectas. No soy estática. Yo soy movimiento. 

Desde que vivo en plena naturaleza soy mucho más consciente de ello, de mis ciclos. He aprendido a respetarlos, a aceptarlos, incluso me agrada sentir que "me muevo" que fluctúo. En la época fría me apetece más ir hacia adentro, estoy más introspectiva, en casa, cerquita de la chimenea... A medida que se van acercando los días más cálidos voy abriéndome, salgo más al exterior, bajo a regar el huerto, cuido más de las plantas, siento como mi energía aumenta, hasta mi piel mejora, el rostro resplandece... 

Frente a esta naturaleza cíclica, desde que nacemos nos vemos sumergidos en rutinas, en disciplinas férreas. Horarios fijos, rígidos, o bastante estables, actividades semanales, etc. Hemos integrado el hecho de no prestarnos mucha atención, ni a nuestras emociones, ni a nuestro estado físico ni mental. Nieve o haga un sol asfixiante el lunes hay que... (póngase lo que corresponda), no importa demasiado cómo se encuentre uno. No hay demasiado tiempo para sentirnos. A la mayoría de nosotros, desde niños, nos han educado en disciplina. Nos han enseñado a dividir nuestro tiempo en compartimentos. A distribuirlo en intervalos de distintas actividades. ¿Te acuerdas? Levantarnos temprano, asearnos, desayunar y salir corriendo hacia la escuela sin pensar, para sentarnos en una silla durante ¿cuánto? ¿tres horas seguidas? Descanso de media hora, y vuelta a la silla a escuchar en silencio dos o tres horas más. Sin olvidar pedir permiso para hablar, para todo. Vuelta a casa, comer en tiempo récord (muchas veces sin hambre y a la fuerza) para volver al cole un par de horas más... Parecía que de cabeza para abajo no existíamos. Éramos mentes absorbentes. ¿Nos ha servido de algo memorizar tantísimos datos? ¿somos capaces a día de hoy de cuestionar las cosas? Pero bueno, que me voy del tema... Creo que a golpe de disciplina, un año tras otro, y tras otro, y otro más... Hemos integrado de manera inconsciente la creencia de que: hemos de estar siempre igual, lineales, con la energía estable, a tope, para ser productivos y eso a la larga nos otorgará mayor bienestar. Nos hemos creído la premisa de que a mayor número de actividades, mayor felicidad, y cuanto  más rápido lo hagamos todo, mejor. Prima la cantidad en vez de la calidad. Lo mismo pasa con las relaciones... parece que es mejor tener muchos amigos, cuando lo que aporta bienestar es la calidad de las mismas. 

Por otro lado, frente a nuestro empeño en mantenernos estables, la naturaleza es cíclica, variable, lenta, armoniosa... y no podemos obviar el hecho de que nosotros somos naturaleza. Nada es igual de un día para otro, y aunque lo parezca no hay quietud, todo es dinámico, se mueve, cambia poco a poco... Solo hay que pasear por un bosque en las distintas estaciones para advertirlo. Fíjate en un árbol de hoja caduca. Pasa de la desnudez de sus ramas a tener tímidos brotes, hasta que florece en toda su plenitud para terminar perdiendo de nuevo las hojas. Permite que las estaciones pasen por él. Imagina pedirle a este árbol que florezca en invierno. Imposible, ¿verdad? Pues es más o menos lo que se nos demanda a diario. No hay tiempo para sentir nuestras "estaciones", nuestros ciclos. El árbol, en cambio, se recoge en otoño e invierno y se da en verano y primavera. Nosotros debemos darnos siempre, no importa como estemos. 

Miles de años atrás, otras civilizaciones eran mucho más conscientes de esto. Estaban en contacto con la naturaleza. Había pueblos que, a diferencia de nosotros, dividían el calendario en dos partes: la etapa cálida, que era considerada la época de luz. Y la fría, la oscuridad. No lo vivían como un problema, al contrario, lo entendían y aceptaban. Integraban los ciclos en su día a día, en su vida. Y les daban la bienvenida con un festejo lleno de magia y simbolismo. 
Con la llegada del otoño el día y la noche duran lo mismo, por eso, en la antigüedad, esta época representaba el equilibrio entre la luz y la oscuridad. Puede que el otoño venga a decirnos que a pesar de que todo es cíclico y cambiante, a pesar de la danza entre la luz y las sombras... también existen  momentos de estabilidad y equilibrio, de serena quietud. Puede que el otoño venga a decirnos que una vida equilibrada se asienta sobre el baile armonioso entre desequilibrios sucesivos. Pues, sin movimiento el equilibrio no tiene razón de ser.

Todo llega. Todo se mueve, cambia. Todo se para, en calma. Y al final, todo se marcha... 

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

11 julio 2019

Sin conexión. Un regalo inesperado

El avellano. Autor de la imagen: Elisabet Blasco

Hace unos días estuve sin señal. Sin posibilidad de conectarme. Un regalo... 

Ejercicio, sí, pero natural. Oxigenando la tierra a golpe de rastrillo. Limpiando parterres. Después, un baño. Luego, lectura a la sombra del avellano, que por cierto ya está repletito de avellanas. 

Disfrute. Gozo. Paz. 

La guinda: reencuentro con el erizo que habita en la hojarasca. 

Fusión con el entorno.

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10 julio 2019

La inspiración dormida, despierta


Qué maravillosa sensación cuando esto ocurre...

Cuando a partir de una experiencia tan simple como esta, la de topar con el bebé erizo de hace unos días... la pluma toma vida propia y en un pispás se escribe sola una historia para nenes, del tirón. Título: Pincho. El erizo bola.

Algún día, ésta y otras historias que tengo en el cajón serán contadas. Tomarán la forma que tengan que tomar… Serán de aire y palabra o de papel y color. Tomarán forma de gestos y signos o de movimiento y representación...

O quizá se queden para siempre en un rincón del cajón...


Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos

07 julio 2019

El erizo que habita en la hojarasca

Autor de la imagen: Elisabet Blasco

Bajar al huerto. 

Escuchar algo que se mueve entre la hojarasca.

Acercarme y encontrar esta preciosidad. 

Bebé de erizo hecho bola. A punto de salir de su "refugio".

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03 julio 2019

Las pequeñas cosas. Mis pequeñas cosas

Hoy estreno nuevo espacio en el blog. Si me sigues en Facebook, tanto en mi perfil personal como en mi página, lafarfalletta, verás que muchas de mis publicaciones las termino con el hashtag #LaspequeñascosasMispequeñascosas. Son mis pequeñas alegrías. Detalles que me inspiran, que me hacen vibrar y me regalan instantes de felicidad, aunque sea por un breve espacio de tiempo. No se qué haría sin mis pequeñas cosas... 

Escribir... dejar que aflore lo que llevo dentro ya sea prosa o poesía y sentir el alivio y el bienestar de haber logrado plasmar lo que siento, una canción antigua, un paisaje, un momento especial con alguien, un olor que me transporta, contemplar la naturaleza, maravillarme con la flora y la fauna, acariciar a mis gatos, recolectar frutos de los árboles y de la huerta, una buena lectura, recoger plantas medicinales, preparar mis propios potingues, bañarme en las lagunas rodeada de pececillos que mordisquean mi piel - voluntariamente... y gratis ;) -, ver como va llegando el otoño, contemplar el cielo estrellado mientras me balanceo en la hamaca, abstraerme contemplando las hojas caer, que me invada la inspiración y escribir un poema o un cuento del tirón, ir a buscar setas al bosque, preparar un arroz de camagrocs, saborear una sopita caliente de fredolics en otoño, oír la risa de mis sobrinos, ver como se achinan sus ojitos cuando se les escapa la carcajada, abrazarlos muy fuerte, recordar momentos felices... 

Algunas tienen más peso que otras, pero todas ellas son el polo positivo de la balanza. A veces "mispequeñascosas" pesan tanto que su nombre pierde sentido, pues son grandes, enormes. Otras, ganan la batalla a mis penas más profundas.

Por eso, porque me hacen bien, voy a darles un espacio destacado en el blog. Mis pequeñas cosas aquí.

Espero que mi rincón te sirva a ti también o, al menos, te inspire para dar más valor a tus pequeñas cosas.

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30 junio 2019

Meditación y ciencia. ¿produce la práctica cambios cerebrales?

Si has leído mis últimos artículos, habrás encontrado en ellos una visión crítica acerca de ciertos temas como por ejemplo, ciertos aspectos de la meditación, del pensamiento positivo, etc. Estos días he estado indagado al respecto, concretamente me he centrado en la meditación vipasana o mindfullnes, y lo he hecho basándome en datos aportados por meditadores, clínicos y científicos. 

No pretendo posicionarme, ni del lado de la ciencia ni del lado "espiritual". Aunque es bien sabido que desde hace unos años ambas comunidades están uniendo esfuerzos para obtener datos científicos de peso al respecto. 

En artículos anteriores decía que, además de los beneficios que los meditadores aseguran obtener derivados de la práctica, también es necesario conocer los posibles riesgos o contraindicaciones. Puedes leer más en este otro artículo. He podido conocer otros datos, clínicos y científicos, provenientes de artículos y charlas de y entre psiquiatras, neurólogos y psicólogos, el Dr. Gurutz Linazasoro entre ellos. De estas fuentes emanan diversidad de opiniones. Hay quien asegura que no existen contraindicaciones pero otros clínicos, en cambio, la desaconsejan totalmente en trastornos obsesivos y aconsejan mucha prudencia y control en trastornos psicóticos, por ejemplo. 

Pero antes de entrar en materia, un par de cuestiones, ¿Cómo se puede demostrar que la meditación transforma o cambia la mente? 1. Mediante evidencias clínicas y 2. mediante evidencias científicas. Las primeras, las clínicas, se obtienen midiendo el comportamiento mediante test, escalas, cuestionarios, etc.  Una vez percibidos estos cambios, como por ejemplo la reducción del nivel de estrés ¿Cómo se miden? ¿Cuál es el mecanismo subyacente? Estas variaciones pueden ser consecuencia de un cambio cerebral estructural, funcional, químico... y esto a su vez se puede estudiar mediante distintas técnicas, por ejemplo las de neuroimagen. 

Existe evidencia clínica en reducción de estrés, en regulación emocional, en evitación de recaídas en depresión... En Inglaterra, por ejemplo, la evidencia clínica es tal que las guías de excelencia clínica recomiendan con prioridad enseñar mindfullnes en casos de personas con trastorno depresivo recurrente. Haciendo un programa de ocho semanas de terapia cognitiva y mindfullnes se consigue evitar las recaídas al mismo nivel que los fármacos. También hay otros ámbitos de aplicación, en cárceles por ejemplo se trabaja con un programa de regulación emocional mediante mindfullnes. 

Por otro lado, no se han demostrado los mecanismos funcionales subyacentes que demuestren que la práctica de meditación produce cambios en el cerebro. Tal demostración pertenece al ámbito de la neurociencia y se sirve, como ya he dicho, de procedimientos de neuroimagen para ello, como son la resonancia magnética(RM) o la tomografía por emisión de positrones (PET). Por tanto, la demostración causa-efecto de tal relación, meditación-cambios cerebrales, es inexistente. ¿Por qué? Por varias razones que dificultan su estudio:

1. La muestra de sujetos: Aunque se han llevado a cabo estudios transversales (distintos grupos de personas con distintos grados de "veteranía" en la práctica y en el mismo momento temporal), se persigue también hacer más estudios longitudinales (misma muestra de grupos de personas pero a lo largo del tiempo) que son los más adecuados para el objetivo en cuestión. Los resultados de dichos estudios no son significativos pues además de que la muestra de sujetos no es representativa, también faltan grupos control, etc. 
Por otro lado, desde el punto de vista clínico y también desde la experiencia personal quizá a corto plazo, o momentos después de la práctica, una persona pueda sentir algunos beneficios pero ¿Qué puede ocurrir en el cerebro de un meditador a largo plazo? eso nadie lo sabe. Puede que muchos piensen que sí se sabe ya que la tradición meditativa viene de miles de años atrás, y es cierto, pero, ¿pueden variar los efectos cerebrales según la persona, el estilo de vida, la cultura, el entorno, etc.? Claro que sí, todas estas variables inciden en los resultados. Por tanto, prudencia.

2. La herramienta de estudio: la propia herramienta en sí (RM, PET), aunque sea un instrumento válido para demostrar ciertas cuestiones (por ejemplo para demostrar variaciones de neurotransmisores cerebrales en Parkinson y Alzheimer cuando hay buenos trazadores) no lo es para el tema que nos ocupa, ya que más que variaciones estructurales o químicas, se buscan resultados funcionales, tanto en personas sanas como con patología, y eso a día de hoy es algo imposible de obtener a través de tales herramientas. Para verlo más claro, imagina que se le está haciendo una RM a una persona mientras llora y se ve en la imagen una zona cerebral más activa que otra. Esto solo significa que llega más sangre a esa zona, o sea hay alguna relación, pero no se puede saber la causa. Puede que esa activación sea una consecuencia de la actividad de neuronas inhibitorias, por ejemplo, entonces el resultado sería totalmente el opuesto, es decir esa zona estaría inhibida, no activa. Por tanto, no se puede demostrar de manera causal los efectos cerebrales de esta práctica aunque, sí se han obtenido datos correlacionales (de correspondencia o relación) que aunque no son resultados concluyentes se podrían clasificar como hipótesis razonables

3. El Objeto de estudio: Además de las dificultades de estudio causadas por la herramienta de neuroimagen (RM, PET) y las muestras de sujetos, se le añade la dificultad del propio objeto de estudio, el cerebro. La variabilidad interindividual en este sentido es tal, que dificulta mucho la tarea. Imaginemos a dos personas meditando en el mismo espacio y momento (estudios transversales). Partimos, de entrada, de diferencias cerebrales interindividuales, es decir sus cerebros son distintos. Lo que ocurre en sus cerebros con la experiencia de la meditación también difiere. Además hay que añadir la variable del grado de veteranía en la práctica. Si añadimos también el hecho de que el cerebro presenta la propiedad de plasticidad neuronal, la cosa se complica. Pensemos ahora en los estudios longitudinales, ¿Cómo se podría afirmar que tal o cual variación cerebral corresponde a la meditación? En todo momento el cerebro está funcionando, ya sea debido a la estimulación ambiental percibida, a las distintas actividades que realizamos a diario, etc. y esto a la larga también provoca cambios cerebrales, por tanto nuestro cerebro cambia continuamente. Dada la multitud de variables implicadas, dichos cambios o variaciones podrían deberse a multitud de factores. ¿Cómo se pretende estudiar dicha causalidad (meditación-cambios cerebrales) a lo largo del tiempo si el objeto de estudio es de por si tan diverso y mutable? 

Se conoce bien la sed de la ciencia por el conocimiento, pero en este caso y haciendo balance ¿crees que compensa tal grado de dificultad, gasto energético y económico, además de los riesgos personales... para obtener datos tan poco concluyentes e inexactos? Es más, para que los estudios sean fiables y significativos deben cumplir con el método científico y esto implica un control super riguroso de las variables implicadas. ¿se podría llevar tal control a la vida de numerosos grupos de personas de manera ética? Si es tan complicado ¿para qué intentar buscar evidencia? La ciencia afirma que lo que pretende con tales estudios longitudinales, si es que se llegan a hacer, es clasificar la meditación, o sea colocarla en el lugar que le corresponda ya sea como herramienta terapéutica, de relajación, etc. así como para seguir estudiando el mapa del cerebro tan desconocido a día de hoy.

Por otro lado y para terminar, un tema que me inquieta bastante. Se dice que no es conveniente meditar, en sentido estricto, antes de los 8 años y ¿por qué no antes del fin de la maduración cerebral que es alrededor de los 20 años? Como hemos visto no se conocen muchas de las consecuencias cerebrales que puede traer la práctica, ya sean positivas como negativas. También se ha visto que la meditación incide estructuralmente en la corteza pre frontal, engrosándola. Sabiendo todo esto ¿sería seguro para los niños introducir la práctica en escuelas? El Dr. Linazaroso afirma no saberlo. Habría que investigar, dice, para obtener datos. Aunque claro, la investigación pasa por la experimentación... Obviamente, contesta. ¿Qué consecuencias tendría una aceleración en maduración de la corteza prefrontal en niños? ¿podría tener también efectos adversos? Podría, claro que sí. Yo abogo siempre por la ética y la prudencia. El fin no justifica los medios.

Según vemos todavía hay muchos interrogantes al respecto. Por eso, quien se adentre en esta práctica debería hacerlo con toda la información sobre la mesa. Por tanto, creo imprescindible una regulación. Por ejemplo, un control inicial en los centros que la ofrecen, mediante un test o cuestionario manejado por un profesional en salud mental para poder detectar los casos en los que no sea adecuada la práctica o, en su defecto, sea necesaria una supervisión (ver enlace del tercer párrafo), además de informarle extensamente tanto de riesgos como de los beneficios.

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19 junio 2019

Llora, enfádate, culpa al otro, quéjate

Es un hecho, nadie quiere sufrir, a no ser que se posea cierto rasgo masoquista, claro. Incluso los animales no humanos huyen del sufrimiento y luchan por su supervivencia, es lo natural. Por eso cuando perciben un peligro, la mayoría de veces, huyen bien lejos. La reacción de huida es un instinto básico inherente a todos los animales, humanos incluidos. A veces ocurre que en muchas situaciones en las que lo más sensato es huir, luchamos sin tregua hasta quedar exhaustos, yendo así en contra de nuestra propia naturaleza. ¿Cómo es posible que esto ocurra? En más de una ocasión, se traza una línea divisoria, se ensalza lo humano y se desprecia lo animal o instintivo, y se pone toda la energía en eliminar cualquier atisbo "salvaje", cuando la realidad es que somos animales, racionales  sí, pero animales al fin y al cabo. Es la capacidad de razonar lo que nos hace humanos, y razonamos en base a nuestro sistema de creencias. La mayor parte del tiempo vivimos acorde a ellas, sin ser conscientes de que muchas de ellas nos perjudican.  

Por otro lado, además de evitar el sufrimiento, todos deseamos ser felices, aunque solo sea por un ratito. Para mí la felicidad es sinónimo de paz interior o, aunque no sinónimo, sí se le acerca bastante. Creo también en el poder de las pequeñas cosas para incrementarla. Pero, hay un tiempo para cada cosa. Como decía en otro post hay tradiciones, la védica por ejemplo, que afirma que la felicidad que anhelamos es continua en el tiempo y en todo lugar. Este no es un objetivo realista, es más, si se instala esa creencia acerca de la felicidad en nuestro cerebro, lo más probable es que, a la larga, consigamos todo lo contrario y nos frustremos y culpabilicemos por no ser capaces de alcanzar tal objetivo. Hay un tiempo para cada cosa. Hay momentos de felicidad y también hay momentos en los que es necesario estar tristes o enfadados, momentos en los que debemos quejarnos y derivar culpas a quien corresponda. Es más, además de necesario, es saludable hacerlo.

"Se positivo siempre", "todo lo que te ocurre es culpa tuya", "se tu mejor versión", "sal de tu zona de confort", "a pesar de todo, sonríe", "lucha sin tregua por lo que quieres", "está prohibido quejarse", "el sufrimiento es necesario", etc. Estas y otra decena de frases hechas más se están convirtiendo en el nuevo "evangelio" en determinados entornos. Estas máximas acordes con el "pensamiento positivo" llevan directamente al agotamiento ya que empujan con ímpetu hacia una autoexigencia desmedida. Vamos... que solo faltaría el látigo. Incluso en casos de enfermedad grave se demanda al enfermo que se empeñe en ser positivo. Es cruel e insano. Forzarse día tras día para conseguir tales objetivos puede desembocar en desesperanza pues se haga lo que se haga siempre será insuficiente ya que se persiguen objetivos muy poco realistas. ¿Podrían ser estos mantras de "auto machaque" los nuevos mandamientos para jóvenes incrédulos (y no tan jóvenes)? ¿podría ser esta una perversa forma de conseguir un rendimiento máximo a costa de rebasar ciertos límites? o ¿quizá se busca implementar rasgos como la sumisión, obediencia, abnegación y auto explotación? 

Seguir a ciegas estos eslóganes de gurús vende humos, puede desembocar en el desarrollo de estados de ansiedad y depresión. Ya va siendo hora de cultivar una verdadera autoestima, de reivindicar nuestro derecho a sentir emociones y, lo más importante, a expresarlas libremente. Es básico para cuidar nuestra salud mental dar espacio a TODAS las emociones y sentimientos. Darnos permiso para llorar, para enfadarnos, para culpar al otro cuando es de recibo, para quejarnos, etc. y sin culpa. Es lícito que lo hagamos. Es natural que lo hagamos. Expresarnos es un derecho básico. No se puede ser positivo siempre, no se puede sonreír siempre, no es necesario salir de lo que llaman la "zona de confort", no es necesario luchar siempre y mucho menos sufrir. Que locura esta la de crear problemas donde no los hay. Que irresponsabilidad crear personas insatisfechas. ¿A quien beneficia esto? Seguramente a quienes venden "bienestar" en cualquiera de sus modalidades. 

Ríe, llora, enfádate, culpa al otro, quéjate, aprende a decir NO, no luches batallas innecesarias, huye... Haz lo que nazca de ti, DE TI,  no lo que te dicen que hagas.

¿Sabes cuantos beneficios aporta el llanto? Cuando lloramos, además de proporcionarnos un estado de relax y de desahogo, también reducimos la angustia, ya que el llanto activa el sistema nervioso parasimpático. Además, las lágrimas contienen elementos neuromoduladores que  funcionan como un analgésico natural. También mejora el estado de ánimo. Además a través de las lágrimas te deshaces de bacterias. Otro beneficio a destacar es que reduce la ansiedad y el estrés pues con las lágrimas se liberan sustancias que los causan, además de despertar la empatía ajena. Por tanto, llorar es buenísimo a todos los niveles, permítetelo. Te sugiero que la próxima vez que alguien te diga que no llores... Te enfades, si así lo sientes, te quejes y llores a mares si lo necesitas. Así vas a empezar a hacerte cargo de ti, de tus emociones. Te vas a cuidar de verdad, lo demás es una película de terror. Por otro lado, culpar a los demás de todos nuestros problemas no es la idea que quiero transmitir. Culpar a los demás de lo que sí les corresponde sí es lícito. Es colocar la responsabilidad que a cada cual le pertoca, si no fuera así sería demasiado fácil aprovecharse del otro, no crees? 

Buenos Alimentos & Pensamientos & Sentimientos